31 octubre, 2007

UN PROYECTO DE VIDA


Decíamos en el artículo anterior que el problema de la escasez de tiempo en nuestra vida de familia se reduce lisa y llanamente a una disculpa que viene a esconder, en la inmensa mayoría de los casos, una falta real de generosidad. Pero ¿por qué nos comportamos así? ¿qué es lo que nos hace actuar en contra de aquello que libremente hemos elegido? Posiblemente no exista una sola respuesta a estas preguntas, pues es cierto que influyen muchos condicionantes externos que actúan de forma independiente a los deseos de las personas. Así, el ambiente social basado en un consumismo desmedido o el mal llamado “estado del bienestar” (más preocupado por el “tener para disfrutar” que por el “disfrutar de lo que se tiene”), por poner dos ejemplos, son una muestra palpable de la influencia del entorno en la modificación de los parámetros de actuación de las personas. Sin embargo, podemos asegurar que todas las respuestas que podamos encontrar a esas cuestiones pueden tener un origen común: la falta de un proyecto de vida coherente.

En nuestro trabajo, generalmente, tenemos claro qué es lo que queremos y qué cosas debemos hacer para alcanzar las metas que nos proponemos; es decir, toda nuestra actuación sigue un proceso en el que estamos plenamente involucrados porque sabemos que el éxito final depende de lo que seamos capaces de realizar. Y esta actuación, tan obvia para la mayoría de las personas, somos incapaces de extrapolarla a nuestra vida familiar. Quizá porque cuando un hombre y una mujer se enamoran y ponen los cimientos de un “proyecto de familia” no están partiendo de las mismas bases para transformar los dos “yo” en un “nosotros” y no son capaces de realizar una renuncia total de sí mismos por el bien del otro; quizá porque cuando hablan del amor que se profesan no se están refiriendo al mismo tipo de amor, y mientras uno se refiere a la parte mística del “contigo para siempre”, el otro busca la parte física del “contigo mientras”; quizá porque uno de ellos o ambos, cegados por la reacción emotivo-afectiva, descubren valores que no existen en el otro o dejan de descubrir aquellos otros que son los que realmente existen; ...; quizá porque lo único que se busca en esa relación es simplemente la satisfacción de un deseo fisiológico personal y se deja actuar a las feromonas sin pensar en nada más.

Estamos en una sociedad en la que se banaliza todo y en la que todo se hace “a prueba”, como lo demuestra el hecho de que cada vez son más las parejas que se deciden a vivir juntos antes de darse el “si, quiero”. Y es responsabilidad de los padres trasladar a nuestros hijos la importancia que tiene para su felicidad futura el plantearse un “proyecto de vida familiar” antes de dar pasos que luego no se puedan desandar, y enseñarles a pensar como contraposición a la actuación por impulsos que el relativismo moral se ha encargado de fomentar.

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6 Comments:

Blogger Benita Pérez-Pardo said...

Complicado. Quizás un tema de madurez.
Se oye mucho "ya no estoy enamorado". Creo que el "enamoramiento" es esa primera fase de querer estar con alguien "porque me hace feliz a mí" y que ha de pasar a la segunda fase "amar: hacer feliz a la otra persona".
Enamorarse es sentir, amar es querer. Creo que una sociedad que cree que el sentimiento es un valor absoluto lo tiene muy difícil...

1/11/07 00:03  
Blogger Iván said...

El problema es que el egoísmo de cada miembro de la pareja acaba reflejado en los hijos. Y éstos muchas veces se rifan como el trofeo de una gran batalla.
Todas las personas necesitamos intimidad. También la pareja. Pero hemos de entender que hay que dedicarle el mismo tiempo al otro miembro. Al fin y al cabo lo firmamos por un contrato. A veces físico. Otras solo por los sentimientos.
Un saludo!

1/11/07 16:35  
Blogger dimas said...

Luis recuerdas aquello de " "Porque sabemos que la Ley es espiritual, pero yo soy carnal, vendido por esclavo al pecado. Porque no sé lo que hago; pues no pongo por obra lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Si, pues, hago lo que no quiero, reconozco que la Ley es buena. Pero ya no soy yo quien obra esto, sino el pecado que mora en mí. Pues yo sé que no hay en mí, esto es, en mi carne, cosa buena. Porque el querer el bien está en mí, pero el hacerlo, no. En efecto, no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero. Pero si hago lo que no quiero, ya no soy yo quien lo hace, sino el pecado, que habita en mí. Por consiguiente, tengo en mi esta ley: que, queriendo hacer el bien, es el mal el que se me apega; porque me deleito en la Ley de Dios según el hombre interior, pero siento otra ley en mis miembros que repugna a la ley de mi mente y me encadena a la ley del pecado, que está en mis miembros.”
Creo que este articulo te gustara http://www.dominicos.org/manresa/silencio/Imprimibles/EnDibujoEstaDiversidadQueHayEnNosotros%20Edici%C3%B3n.htm
Por otro lado ocurre que en el matrimonio hay que partir de una premisa ¡jamás podremos controlar al otro! solo amarlo y volvemos de nuevo a la preguntas ¿Como? y de nuevo la Gracia.
Seguria pero me llaman a cenar

Un abrazo

1/11/07 22:03  
Blogger Das Gretchen said...

Qué buena tu entrada. Lo cierto es que llevas toda la razón con eso de que a menudo decimos que no tenemos tiempo para excusar la falta de generosidad. Yo me he sorprendido a mí misma en múltiples ocasiones argumentándome a mí misma en ese sentido. Lo triste es que los placeres inmediatos no dan la felicidad y creo que esto no se les explica lo suficientemente a los hijos, porque entre otras razones hay que predicar con el ejemplo. ¿El pensamiento débil?
Un saludo.

21/11/07 21:54  
Blogger Aeronauta said...

Estoy tratando de hacer una cadena de enlaces a una iniciativa pro-vida. Se trata de colocar una imagen en la sidebar que diga "elige la vida".
Todo lo encuentras acá* Si te parece, hazlo circular; que muchos lo pongamos sin miedo. La puedes ver funcionando en el sitio Aeronauta
Saludos.

5/12/07 22:00  
Blogger Hilda said...

Luis, como te dije estoy encontrando tiempo para por fin leer tu blog con detenimiento, espero que el permiso que me diste de dejar comentarios incluya que haga estos en artículos más antiguos ji ji.
Dejo el tono de broma para hablar y felicitarte por este artículo. Me llama mucho la atención esta frase que pones:
Estamos en una sociedad en la que se banaliza todo y en la que todo se hace “a prueba”, como lo demuestra el hecho de que cada vez son más las parejas que se deciden a vivir juntos antes de darse el “si, quiero”. Y es responsabilidad de los padres trasladar a nuestros hijos la importancia que tiene para su felicidad futura el plantearse un “proyecto de vida familiar” antes de dar pasos que luego no se puedan desandar, y enseñarles a pensar como contraposición a la actuación por impulsos que el relativismo moral se ha encargado de fomentar.

Comentaba hace meses en el blog de Martín Palma que efectivamente estamos en una época donde la falta de compromiso y la superficialidad con la que se toma el don de Dios que es el matrimonio, es la moda. De tal forma que las personas que nos sentimos con esa vocación (porque es una vocación) nos topamos con que hay pocas personas que la comparten y están dispuestas a arriesgar el todo por el todo. Una vez oí o leí a un sacerdote que amar a Dios es fácil puesto que Él es la perfección pero amar a Dios a través de otra persona (que es lo que se hace en el matrimonio), es de lo más difícil porque los seres humanos somos imperfectos. Concuerdo con ese sacerdote.
Para mí que una persona se vaya a vivir juntos como prueba de si funcionan es toda una contradicción y ofensa al amor. Las cosas se hacen bien o no se hacen. Los cimientos del matrimonio cada día son más enclenques y no es de admirarse el porqué de la alta tasa de fracasos. Y lo peor de todo es que los paganos vienen a ser aquellos que no pueden ser devueltos, los hijos. Y ellos aprenderán esa lección del amor sin compromisos y a menos que en su vida aprendan otra cosa, imitarán el ejemplo y así tendremos un círculo vicioso.
Por otro lado me gustaron mucho las palabras que Benita pone y me hicieron recordar esa maravillosa frase de Saint Exupery que dice "que el amor es guiar gentilmente al otro hacia su propio conocimiento"
Esa es la esencia de un buen proyecto de vida.
Saludos desde México. Hilda

13/1/08 22:52  

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