30 septiembre, 2008

DICEBAMUS HESTERNA DIE ...


Pues si, decíamos ayer (*) que estamos viviendo una época en la que los ataques a la familia se suceden a cada instante, cada día con más fuerza, desde los más diversos ámbitos y en cada nueva ocasión de forma más sibilina. Decíamos también que lo que se persigue es la transformación absoluta de la sociedad desde la óptica del relativismo moral, según el cual lo que está bien y lo que está mal sólo depende de la apreciación individual que cada uno tenga. Y que una de las herramientas más utilizadas es tratar de desnaturalizar la familia mediante el bombardeo mediático dirigido a los hijos.

Traigo esto a colación por
una noticia publicada hace unos días en un diario digital de ideología liberal-conservadora y que vienen a poner de manifiesto que el mensaje que se describía en el párrafo anterior ya ha calado en la sociedad. La noticia relata un hecho que ya ha sucedido en el pasado, aunque por desgracia es algo que cada vez se da con más frecuencia y no de forma esporádica como antaño. Sin embargo, lo que es preocupante es el nivel de los comentarios de los lectores. Da pena pensar que existen padres que se toman a broma la educación de sus hijos y que lo que verdaderamente les llenaría de orgullo es ver a sus retoños convertidos en “machos ibéricos”. Con gente así que cada vez abunda más (y si no me creen no tienen nada más que entrar a cualquiera de los miles de foros en los que da igual el tema que se trate porque siempre se acaba opinando de lo mismo) no es extraño comprobar cómo la sociedad se va poco a poco desmoronando. La prueba palpable son las crecientes cifras de separaciones, divorcios, abortos, maltrato, fracaso escolar y, si nadie pone remedio, en un corto periodo de tiempo selección genética de la raza tanto al comienzo de la vida como al final de la misma.

A pesar de no llegarle a la suela del zapato a Fray Luis de León y de no haber pasado ni la milésima parte de los contratiempos que sufrió él, me permito parafrasearle con su famoso “decíamos ayer” para continuar con mi pequeña aportación a favor de la vida y de la familia.


(*) Cuenta la tradición que después de haber sufrido casi cinco años de prisión injusta en los calabozos de la Inquisición, la Universidad de Salamanca le concedió a Fray Luis de León la cátedra de Escritura; y que al tomar posesión de la misma, empezó su lección diciendo “Dicebamus hesterna die ..." (Decíamos ayer...).

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07 febrero, 2008

A POR LA FAMILIA


Durante el año y medio largo que lleva este blog en la red he podido constatar muchas cosas relativas a la familia y a su entorno. En la mayoría de los casos son positivas, pues muestran que, a pesar de los ataques que recibe, la institución familiar está fuerte y responde a todas las agresiones mostrando una solidez que ya la querrían para sí cualesquiera otras organizaciones de la sociedad. Sin embargo, y por desgracia, también he podido comprobar cómo los ataques se redoblan cada día con más fuerza, desde los más diversos ámbitos; cómo en cada nueva ocasión se llevan a cabo de manera más sibilina, tratando de mostrar siempre una “cara amable” que no esconde sino un plan perfectamente orquestado para conseguir doblegar los valores naturales en los que se asienta; cómo sus enemigos buscan con afán desnaturalizarla mediante el bombardeo mediático dirigido a sus miembros más débiles: los hijos, con el objetivo de inculcarles sus principios ideológicos basados en los “-ismos” (relativismo, "buenismo", laicismo, gnosticismo, ...), todos ellos opuestos a los valores tradicionales de la familia; cómo, en definitiva, se persigue con todo ello la transformación absoluta de la sociedad en la que el hombre, libre de las “ataduras morales” que radican en el seno de la familia, pierda toda su dimensión en aras de alcanzar la perfección humana sólo con su esfuerzo.

No creo haberme equivocado mucho en mi análisis, porque es evidente que esto es lo que está pasando en la actualidad (de manera más acentuada en mi país) y aunque les cueste reconocerlo a los que me tachan de catastrofista (palabra muy utilizada en esta precampaña electoral por aquellos que se auto-proclaman progresistas y tolerantes, aunque no están dispuestos a “tolerar” al que discrepa) no hay nada más que recurrir a las hemerotecas para comprobarlo. ¡Y eso, a pesar de que la inmensa mayoría de los medios de comunicación están de su parte!

En el fondo, todo se reduce al binomio más antiguo de la humanidad: el hombre que juega a ser Dios unido a un afán desmedido por alcanzar el mayor poder. Y en esta carrera a ninguna parte (acumulan tesoros y gloria para ser, al cabo de unas decenas de años, los más ricos y poderosos del ... ¡¡¡cementerio!!!) tienen que quitarse de en medio todos los obstáculos que les impiden alcanzar sus fines, empezando por el lugar en el que se transmiten los valores naturales en los que se forma a la persona: la familia; y dentro de ella rompiendo los matrimonios, promoviendo el desprecio a la vida, relativizando la moral, inculcando los principios del laicismo, adoctrinando a los hijos en contra de la opinión de sus padres, permitiendo el menosprecio a la autoridad, fomentando la violencia mediante la “ley del más fuerte”, ...

Ya se sabe, todo vale con tal de tener poder, de conseguir la mayor influencia política, social y económica. ¡Maldita masonería!

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19 enero, 2008

QUIEN SIEMBRA VIENTOS ...


Estaba claro. Como no podía ser de otra manera, después de que el Gobierno irrumpiera en el escándalo de los abortos (que por suerte para el estado de derecho ha llevado a la cárcel al mayor trasgresor de la fatídica ley que despenaliza el asesinato infantil en tres supuestos) y mostrara su apoyo a las clínicas abortistas, tocaba que las feministas entraran en acción para repetir un nuevo episodio del “marketing del mal”. Y es que al día siguiente de que la Vicepresidenta del Gobierno y los Ministros de Sanidad y Justicia hicieran declaraciones a favor de una ampliación de la despenalización del aborto apoyando expresamente a las clínicas que los realizan, quince mujeres se han inculpado por haber abortado, en su día, fuera de los supuestos que permite la ley. Se trata de un pulso que estas mujeres le están echando al gobierno, el cual además está dejándose ganar sin que le importe que se vea.

En un caso así, en el que alguien reconoce la comisión de un delito, la fiscalía de cualquier país medianamente civilizado actuaría de oficio. Sin embargo, en nuestra querida España no lo hará puesto que dichas mujeres son la disculpa que estaba buscando el Gobierno para volver a abrir el debate sobre la cuestión de la “Ley de plazos para el aborto”. Es decir, la disculpa para despenalizar el que cualquier mujer pueda abortar hasta las 15 semanas (casi cuatro meses de embarazo) sin tener que acogerse a ningún supuesto, o lo que es lo mismo, el aborto libre.

Al Gobierno, este debate le viene de perlas porque así se desvía la atención de los verdaderos problemas que tiene el país a las puertas de una consulta electoral, quizá la más importante -por lo que está en juego- de la historia. A las feministas tampoco les cae mal el asunto, pues está en la línea de “conseguir más derechos para la mujer” (como si el tener un hijo o matarlo fuera un derecho inherente a las féminas). A los enemigos de la familia también les resultará bien esta cuestión, pues es un paso más en la implantación del relativismo moral tan buscado para poder conseguir sus objetivos de poder sin la oposición de conciencias más o menos formadas. Y al resto, ..., que mas da que nos parezca una animalada si al final la ley se aprobará, previo bombardeo mediático, y nadie se atreverá a cambiarla en el futuro bajo pena de que le llamen retrógrado.

¡Pero a quien se le ocurre poner en el gobierno a pirómanos para apagar incendios!

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12 enero, 2008

¡QUE INSOLIDARIOS!


¡Qué falta de solidaridad! ¡Qué poco sentido corporativo! ¡Cómo es posible que por una causa tan justa no se haya producido un apoyo total, un sentimiento de unidad sin fisuras, una actuación al unísono! Parece mentira, pero es así. Basta que exista un sustancioso negocio de por medio, del que prácticamente no hay que dar cuenta a nadie, para que cada uno actúe a su manera. ¡Cómo echo de menos la actuación de los “piquetes informativos” que los sindicatos envían a los centros de trabajo en jornadas de huelga general! Y no entiendo porqué en esta ocasión se mantienen tan callados cuando hay montones de “esquiroles” que siguen, “erre que erre”, dispuestos a estar con las puertas abiertas.

... ¡Ah! ¿qué no saben a qué me refiero?, no se preocupen que ahora les explico. Se trata de
la noticia publicada hace unos días, según la cual una serie de clínicas abortistas, 32 centros de toda España para ser exactos, se han declarado en huelga durante una semana. Durante este tiempo, estas clínicas no practicarán abortos, por lo que se estima que alrededor de 2.000 niños dejarán de ser masacrados en este tiempo. Y hasta aquí las buenas noticias, que como todo lo bueno tiene un final, y que dan paso a las malas noticias.

La primera de estas es que, por desgracia, esa huelga no ha sido secundada por el 100% de las clínicas abortistas, con lo que el sufrimiento de algunos niños (que han tenido la mala suerte de ser engendrados en lugares donde la huelga no tiene seguimiento) no va a poder ser evitado.

La segunda, que el paro sólo va a ser de una semana, por lo que al cabo de ese tiempo volverá a funcionar la “maquinaria del terror” como si nada hubiera pasado, y para algunos de esos 2.000 “afortunados” esto sólo va a suponer un retraso en el cruel fin que les espera.

Y la última, que en la protesta, estos centros han contado con la comprensión y ayuda de una parte de nuestros gobernantes (en Madrid, la Delegada del Gobierno; y en Cataluña, la Consejera de Sanidad).

¡Lo que daría yo porque las clínicas abortistas públicas y privadas anunciaran hoy una huelga indefinida , por ejemplo hasta que los hombres pudieran quedarse embarazados! ¡Ah, y sin que ninguna discrepara!

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31 octubre, 2007

UN PROYECTO DE VIDA


Decíamos en el artículo anterior que el problema de la escasez de tiempo en nuestra vida de familia se reduce lisa y llanamente a una disculpa que viene a esconder, en la inmensa mayoría de los casos, una falta real de generosidad. Pero ¿por qué nos comportamos así? ¿qué es lo que nos hace actuar en contra de aquello que libremente hemos elegido? Posiblemente no exista una sola respuesta a estas preguntas, pues es cierto que influyen muchos condicionantes externos que actúan de forma independiente a los deseos de las personas. Así, el ambiente social basado en un consumismo desmedido o el mal llamado “estado del bienestar” (más preocupado por el “tener para disfrutar” que por el “disfrutar de lo que se tiene”), por poner dos ejemplos, son una muestra palpable de la influencia del entorno en la modificación de los parámetros de actuación de las personas. Sin embargo, podemos asegurar que todas las respuestas que podamos encontrar a esas cuestiones pueden tener un origen común: la falta de un proyecto de vida coherente.

En nuestro trabajo, generalmente, tenemos claro qué es lo que queremos y qué cosas debemos hacer para alcanzar las metas que nos proponemos; es decir, toda nuestra actuación sigue un proceso en el que estamos plenamente involucrados porque sabemos que el éxito final depende de lo que seamos capaces de realizar. Y esta actuación, tan obvia para la mayoría de las personas, somos incapaces de extrapolarla a nuestra vida familiar. Quizá porque cuando un hombre y una mujer se enamoran y ponen los cimientos de un “proyecto de familia” no están partiendo de las mismas bases para transformar los dos “yo” en un “nosotros” y no son capaces de realizar una renuncia total de sí mismos por el bien del otro; quizá porque cuando hablan del amor que se profesan no se están refiriendo al mismo tipo de amor, y mientras uno se refiere a la parte mística del “contigo para siempre”, el otro busca la parte física del “contigo mientras”; quizá porque uno de ellos o ambos, cegados por la reacción emotivo-afectiva, descubren valores que no existen en el otro o dejan de descubrir aquellos otros que son los que realmente existen; ...; quizá porque lo único que se busca en esa relación es simplemente la satisfacción de un deseo fisiológico personal y se deja actuar a las feromonas sin pensar en nada más.

Estamos en una sociedad en la que se banaliza todo y en la que todo se hace “a prueba”, como lo demuestra el hecho de que cada vez son más las parejas que se deciden a vivir juntos antes de darse el “si, quiero”. Y es responsabilidad de los padres trasladar a nuestros hijos la importancia que tiene para su felicidad futura el plantearse un “proyecto de vida familiar” antes de dar pasos que luego no se puedan desandar, y enseñarles a pensar como contraposición a la actuación por impulsos que el relativismo moral se ha encargado de fomentar.

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30 septiembre, 2007

DIMES Y DIRETES


Desde que el periodismo se convirtió en el “cuarto poder” -por la creciente influencia que mostraba en la creación de una determinada opinión pública-, hemos podido comprobar cómo cualquier persona puede pasar de “héroe a villano” en apenas unos días, en función de los gustos o intereses de quien mueve los hilos de la información. Una gran parte de que esto sea así se debe al periodismo “sensacionalista”, ese que con su particular manera de contar las noticias no busca la verdad de los hechos sino incrementar las ventas a costa de la atracción que el morbo ejerce sobre el ser humano. Pero no sería justo achacarle toda la culpa, puesto que en nuestros días ese periodismo efectista está siendo sustituido por el mayor peso que están adquiriendo las corrientes de opinión relacionadas con lo que está de moda: con lo “políticamente correcto”. A estas alturas, a nadie se le oculta que esas corrientes son artificialmente organizadas para hacer creer a la sociedad que lo blanco es negro, que lo útil ha dejado de servir, que lo natural está caduco y que lo que se lleva es lo antinatural. Y para conseguir eso se ha ideado un factor común a todas ellas: el ataque indiscriminado contra las diferentes estructuras que han sustentado el progreso de la humanidad, cuyo fin último es la implantación de un laicismo destructivo en el menor tiempo posible.

En este sentido estamos viendo como uno de los principios básicos del Derecho, la presunción de inocencia, está siendo continuamente violado por “pseudo-periodistas” que no se limitan a transmitir la información relativa a una noticia sino que se erigen en jueces y condenan sin pruebas concluyentes antes de que se celebre el juicio. Crean una maraña de “dimes y diretes” capaz de confundir a cualquiera y que en el último episodio de esa insidia colectiva se está cebando en unos padres que, en el peor de los casos, bastante tienen con la desgracia que están viviendo.

No soy quien para opinar si son inocentes o culpables, puesto que carezco de la información que manejan los investigadores del caso, pero reconozco que se me hace tremendamente difícil pensar en que una madre sea capaz de hacer lo que la prensa lleva publicando sobre la señora McCann. Aunque realmente lo que me preocupa es que, pase lo que pase, ya se ha juzgado a esos padres, y si al final resultaran inocentes -y la policía se hubiera equivocado, como ya ha pasado en dos ocasiones- difícilmente se podría reparar el daño moral que se ha hecho a su honor y a su fama.

Y yo me pregunto, ¿hubiera pasado lo mismo si los padres de Madeleine no hubieran sido jóvenes, listos, influyentes y católicos? Las hipótesis en las que se fundamenta la investigación (que sólo son una serie de ideas atrevidas, pues no hay pruebas) ¿hubieran sido las mismas?

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28 julio, 2007

AMENAZAS A LA CIUDADANIA


Hace unos meses, un visitante chileno dejaba un comentario, a propósito de un artículo sobre el relativismo moral en el que decía que “es demasiado fácil darse de defensor de palabra de ciertas ideas, y luego al enfrentar la realidad actuar de modo contrario. Argumentos puede haber muchos, pero no ser capaz de actuar según se piensa deja mucho que desear. Acá en Chile usamos una frase muy antigua: «el padre Gatica predica pero no practica»”. Esto, que se me quedó grabado por la sencillez del argumento y por la contundencia de la afirmación, hoy me ha vuelto a la memoria cuando he leído la declaración del ministro de justicia: “quien no cumpla la ley tendrá que atenerse a las consecuencias”. Y es que, en esa carrera por ganar méritos de cara a las elecciones que se avecinan, le tocaba el turno al Ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, como un eslabón más en la ya larga cadena de amenazas que se han proferido desde el gobierno a los padres que se han acogido al derecho constitucional de la Objeción de Conciencia, como método último de defensa ante la imposición del “adoctrinamiento socialista” de los hijos, enmascarado bajo ese engendro de asignatura llamada “Educación para la Ciudadanía”.

Este ministro es el mismo que dijo abiertamente cuando era fiscal
“soy de izquierdas y como tal actúo”. Y a este ministro, que sólo se permite a sí mismo esas licencias, es al que le digo yo ahora que “soy católico y como tal actúo”, y en el uso de mi libertad, esa que me ha dado Dios (no el gobierno) y de la cual deberé dar cuentas algún día, presento mi objeción de conciencia contra la asignatura Educación para la Ciudadanía por muchos motivos, pero ante todo por el que me faculta como padre a elegir la formación moral que quiero para mis hijos y no la que me imponga un gobierno que utiliza la palabra “educación” para adoctrinar a los niños en el laicismo más recalcitrante y en el socialismo más rancio y trasnochado.

Decía Simón Bolívar que “Sólo la democracia... es susceptible de una absoluta libertad, libertad que se define como el poder que tiene cada hombre de hacer cuanto no esté prohibido por la ley” y la ley, señor ministro, no solo no me prohíbe ejercitar mi derecho sino que me lo confiere. Y en nuestra democracia, la ley de leyes es la Carta Magna que así lo recoge. Otra cosa es que lo que la mayoría de los españoles entendemos por democracia no sea lo que usted piensa; en ese caso me remito al discurso que pronunció Nelson Mandela en la Cumbre del Mercosur, celebrada en Ushuaia, en julio de 1998, en donde dijo que “si no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento”.

¡Ah! Y aplíquense un poco de su
“bálsamo de Fierabrás” en el aspecto relativo a la ciudadanía y dejen de amenazarnos, que por ese camino no van a conseguir nada.

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19 julio, 2007

TOLERANCIA CERO


Durante las pasadas fiestas de San Fermín, una peña navarra denominada “Mulhiko Alaiak” para divertirse, paseó por las calles de Pamplona “una caricatura irreverente de Jesucristo”, una pancarta en la que se representaba a Cristo crucificado con el brazo derecho levantado a modo de saludo hitleriano. La respuesta ha venido de la mano de un acto de “reparación al Crucificado” presidido por el arzobispo de Pamplona, Monseñor Fernando Sebastián, quien dijo en la homilía del acto cosas como que “... es un error y un dolor, un pecado de orgullo y de ingratitud querer alcanzar las metas más altas de nuestra humanidad despreciando o ignorando a Jesucristo”, pero que “no se asusten nuestros hermanos no cristianos” pues “aunque pudiéramos nunca trataríamos de imponerles nada por la fuerza. No buscamos el poder, ni pretendemos alcanzar privilegios de ninguna clase. Simplemente les pedimos respeto y estima para poder vivir juntos, sin agravios ni agresiones de nadie contra nadie”.

En estos últimos días la
campaña de captación de socios del Getafe CF también ha tenido como punto de partida la ofensa gratuita a los católicos. Los autores del spot han hecho “una provocativa reinterpretación de la Biblia” escenificando “pasajes del Antiguo y el Nuevo Testamento, mientras personajes como Abraham y su hijo Isaac, e incluso Jesucristo, van negando su devoción a Dios para entregarse a divinidades paganas”. La respuesta ha sido la protesta de mucha gente anónima que se siente ofendida y que ve como cada día que pasa es mayor el número de agresiones y menor el respeto que se tiene hacia sus creencias.

Son sólo dos muestras de lo que está sucediendo en esta sociedad en la que iba a imperar el talante y el respeto, en la que se iba a escuchar a todos y a dar igual número de oportunidades. Los católicos, después de algo más de tres años de imposición de una “sociedad laicista”, estamos hartos de que nos insulten, de que se mofen de nuestras creencias, de que utilicen nuestra religión para obtener la notoriedad que no alcanzarían si sólo dependieran de su trabajo. Como dice un amigo en el artículo titulado
“Contra los blasfemos”, publicado en su blog, “A muchos católicos nos ha ofendido el spot. Y nadie tiene derecho a decirnos si debemos o no ofendernos. Si a alguien no le molesta que le llamen imbécil, pues allá él. Pero a mí me molesta que se burlen de Jesucristo y TENGO DERECHO A SER RESPETADO. Por eso, YA ESTÁ BIEN. Tolerancia cero con el ofensor”.

Pues eso, que suscribo plenamente la afirmación: ¡¡¡TOLERACIA CERO CON EL OFENSOR!!!.

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06 julio, 2007

¿QUÉ ES MEJOR ...


Desde que tengo este blog (que, por cierto, hoy cumple un año), me he ido acostumbrando a recibir todo tipo de comentarios a los artículos que escribo. Por regla general suelo publicarlos todos, o al menos aquellos que dan su opinión al tema de que se trate, sin entrar en descalificaciones personales o insultos. Es “norma de la casa” aunque algunos no lo entiendan y hablen en otros foros y en sus blogs de censura, e incluso envíen mensajes aprobatorios bajo nombres supuestos con la finalidad de probar la existencia de dicha “censura”. Comento esto porque hace unos días recibí un mensaje a propósito de este artículo en el que una persona, apelando a mis “posibles fobias homosexuales” trataba de ponerme en el aprieto de contestar la pregunta que me hacía: “¿Es mejor que un niño no sea adoptado de un orfanato a que lo adopte una pareja homosexual?”.

No pensaba contestarle, ya que después de visitar su blog he podido comprobar la confusión mental que tiene en un montón de asuntos (desde tratar de relacionar el catolicismo con ser vegetariano o la de llamarnos “asesinos” a los que no practicamos esa “forma de vida” o a los que nos gustan las corridas de toros), pero ha seguido insistiendo con mensajes y con artículos en su blog, y creo que lo mejor es dejar clara mi postura en este tema, si es que no he sido suficientemente explícito hasta la fecha en diferentes artículos.

Pienso, por haberlo constatado en múltiples ocasiones y por haberlo escuchado a diversos investigadores médicos (de diferentes grupos políticos y distintas religiones), que la homosexualidad es una disfunción de la que no es culpable quien la sufre; y conozco a bastantes homosexuales que comparten esta afirmación. Por este motivo creo que existen multitud de formas de ayudar a estas personas, sin por ello tener que recurrir a “normalizar” lo que por naturaleza es “anormal”. Es decir, estoy absolutamente a favor de que se les reconozcan a los homosexuales los derechos que puedan tener cualesquiera otras personas, pero estoy también absolutamente en contra de que a sus uniones se les llame matrimonio y a que, tomando como base esta definición, los homosexuales puedan adoptar niños; pues un niño necesita de un padre y de una madre para crecer sin que se resienta de algún modo su estado psíquico natural y ninguna de esas dos figuras puede ser sustituida aleatoriamente por otra del mismo sexo sólo porque medie en ello la satisfacción del placer de uno de ellos.

Con esta “declaración de principios” contesto a mi llamémosle “anónimo visitante” que no se trata de escoger entre un mal menor y otro mayor, ya que por la misma regla se podía preguntar: ¿qué es mejor que te torturen durante varios días hasta matarte o que te corten un brazo y una pierna y dejar que te desangres?. Me imagino que nadie en su sano juicio elegiría ninguna de ellas.

¡Ah!, y en cuanto a que lo importante es “lo buenos padres o madres que realmente sean independientemente de su número y genero” sólo decirte que si ya es difícil educar a los hijos en un matrimonio de hombre y mujer, no me imagino lo que sería en una "comuna" de tres gays, dos lesbianas y cuatro transexuales, que según tu “eso es una verdadera familia” pues no importa ni el número, ni el género. ¡Qué país!

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26 mayo, 2007

LA NUEVA EDUCACIÓN EN VALORES


Tal y como se ha diseñado hasta la fecha la implantación de la nueva asignatura con la que el gobierno pretende educar a nuestros hijos -arrogándose el derecho que nos asiste a los padres de ser los que determinemos la educación moral que deseamos para ellos-, no es de extrañar que la polémica que gira en torno a ella cada día sea mayor. Vaya por delante el que, al igual que el gobierno, pienso que uno de los más graves problemas que tiene nuestra sociedad es la falta de educación en valores. Sin embargo, existe un abismo entre el concepto que tengo yo de lo que son los valores y lo que significan para el gobierno. Para mí esos valores son cosas tales como el respeto, la sobriedad, el desprendimiento, la generosidad, la perseverancia, el sacrificio, la obediencia, la responsabilidad, la gratitud y la obediencia (por citar algunas de ellas). Pero parece que para el gobierno no. A la vista de lo publicado estos días, los “valores” que quieren transmitir están recogidos en la guía didáctica “Educar en Valores”, la cual da las oportunas orientaciones pedagógicas a padres y profesores sobre los contenidos que integrarán la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía.

A modo de resumen podemos decir que los temas tratados se recogen en una serie de capítulos en los que se tratan pacifismo, eutanasia, racismo, tolerancia o inmigración. Y como guinda a ese “pastel”, en otro de los capítulos llamado “Somos iguales, somos diferentes”, se ofrece orientación “sobre recursos didácticos útiles a la hora de abordar en clase el goce de la homosexualidad y la celebración del multiculturalismo”. Entre otros “recursos” se incluye un cómic (¿?) de un tal Nazario con el desafortunado título de “Alí Baba y los 40 maricones” (en
este enlace hay una muestra del cómic que enseña imágenes con contenido de sexo explícito, que pueden herir su sensibilidad y sus convicciones), una guía de sexo seguro para gays, o un catálogo con “artísticas fotografías” para la práctica de la homosexualidad. Parece increíble que sea esta basura la que quieren inculcar a nuestros hijos y que pretendan que los padres no nos sublevemos ante este despropósito ¿verdad?

Pero para más escarnio, a pesar de la gravedad de lo que acabamos de comentar, nuestros gobernantes han conseguido -vaya usted a saber por qué medios, que mucho me temo que sean económicos- el apoyo de la Federación Española de Religiosos de Enseñanza-Centros Católicos (FERE-CECA), más preocupados por jugar a empresarios que por defender la moral que predica la Santa Madre Iglesia, y
ha tenido que salir al paso la Conferencia Episcopal Española en defensa del derecho de los padres a elegir la educación en valores para los hijos. ¡Dios mío, qué “cestos” seremos capaces de hacer con estos “mimbres”!

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05 diciembre, 2006

EL RELATIVISMO MORAL

Quizá no nos damos cuenta, o quizá es que la forma de actuar es tan sibilina que no nos permite ser totalmente conscientes de los peligros que corre la familia en unos momentos en los que en la sociedad se ha implantado el relativismo moral; la filosofía de vida en la que todo vale y en la cual las normas de moralidad -que aparentemente eran aceptadas por todo el mundo- pueden ser adaptadas a las actuaciones de cada uno de nosotros en función de lo que nos interese en un momento determinado.

Y es que el mensaje del “haz lo que quieras”, ha calado hasta la misma raíz de la familia. Bajo la idea de vivir una vida sin reglas que no hace mal a nadie, se ha ido transmitiendo poco a poco el pensamiento de que el hombre es autosuficiente y que puede ponerse en lugar de Dios y jugar a ser Él, o vivir bajo la enseña del propio placer sin que esto afecte a los demás. Ciertamente, una filosofía de vida egoísta, que en el fondo sólo busca el anular a la propia persona, invitándola a replegarse sobre sí misma y a no creer en nada más que en el hecho de que “la vida es una jungla en la que los más fuertes triunfan sobre los más débiles”.

Desgraciadamente, muchos jóvenes hoy encuentran fascinante este modo de vivir, que solamente les obliga a pensar en el presente, en el día a día, sin más horizontes que lo que vaya a pasar en el futuro más inmediato; porque la recompensa es inmediata y no requiere ningún esfuerzo especial.

Quizá esta situación ha sido provocada por una vida frecuentemente marcada por la incomunicación, por la falta de diálogo en familia, por las dificultades en el colegio o en el trabajo. O quizá sólo sea la falta de educación en el esfuerzo y en el afán de superación. Lo que sí es seguro es que no se trata de una situación irreversible. Se puede desterrar de nuestra sociedad el relativismo moral de una manera sencilla. En casa, enseñando a nuestros hijos a tener un mayor sentido crítico, ayudándoles a reflexionar, a entender y a saber elegir entre la satisfacción momentánea producida por el placer y la satisfacción permanente conseguida a través del sacrificio. En el mundo laboral y en el de la educación impartiendo formación sobre deontología y ética profesional y empresarial.

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22 noviembre, 2006

EL “BUENISMO”


De un tiempo a esta parte se ha ido implantando en la sociedad de los países avanzados una nueva cultura basada en sucedáneos de conceptos tales como PAZ, AMOR, TOLERANCIA, RESPETO, CONCORDIA, ..., todos ellos muy loables en sus fines, pero aplicados de una forma que no está en consonancia con el significado que quieren transmitir. Me refiero al “BUENISMO”, una manera de vida que, desde el sentimiento, busca transmitir la idea de que el hombre sólo debe rendir cuentas de su forma de actuar ante la sociedad y ante la historia. Esta ideología trae consigo, como dijo recientemente el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Manuel Monteiro de Castro, “consecuencias desastrosas” y recalcó que “la historia del Antiguo, del Nuevo Testamento, así como la de estos últimos siglos y la de nuestros días, nos muestra las barbaridades cometidas teniendo como base una ética sin referencia a Dios".

Nos preocupamos, pero sólo durante el tiempo que duran las noticias en la televisión, de la patera que llega a nuestras costas cargada de inmigrantes exhaustos; lloramos por los muertos en actos de terrorismo, pero únicamente el día en el que ocurre la desgracia; ponemos a Dios en “solfa” por permitir que sucedan catástrofes como los tsunamis o los terremotos, sin embargo en apenas cuarenta y ocho horas hemos vuelto a “la normalidad”. Aplaudimos en los funerales al difunto (creo yo que siguiendo una fea costumbre), acompañamos en el sentimiento a cantantes y folclóricas, sufrimos con las “desgracias” que les suceden a personajes de la “jet”, ..., pero nos olvidamos de lo más básico como es la dignidad propia de cada hombre, la vida humana como valor fundamental y el valor de la identidad característica de todo ser humano. Estamos sacando a Dios de nuestras vidas, amoldando sus enseñanzas a nuestros intereses, interpretando su palabra a nuestro libre albedrío y quedándonos sólo con aquellas cosas del Evangelio que no nos cuestan sacrificio. En esta tesitura, ¿cómo vamos a transmitir a nuestros hijos una verdadera educación basada en valores y virtudes? ¿qué nos responderán cuando vean la incoherencia que existe entre lo que les enseñamos y lo que luego hacemos? ¿cómo actuarán ellos el día de mañana cuando afronten las obligaciones y responsabilidades de crear una familia?

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31 octubre, 2006

JUGAR CON FUEGO


Un año más nos disponemos a celebrar la Fiesta de Todos los Santos, en la que la Iglesia Católica rememora a todas aquellas personas que nos han precedido en el camino de la fe y gozan ya de la Vida en el cielo. Durante el año litúrgico evocamos las memorias de diferentes santos, la mayoría de ellos conocidos, pero es el 1 de noviembre cuando los protagonistas son los santos anónimos, aquellos entre los que seguramente se encuentran conocidos, amigos y familiares.

Sin embargo hoy, gracias a la machacona propaganda que se ha ido realizando durante los últimos años desde instancias laicistas -y con la anuencia y conformidad de muchos colegios de ideología católica- son pocos los jóvenes y niños que saben que Halloween es una celebración pagana que se ha ido implantando entre los pueblos hispanos como contraposición a la Fiesta de Todos los Santos. Y eso es lo preocupante, ya que no solo se trata de una fiesta de disfraces -de dudoso gusto, por cierto- en la que personas normales se divierten bajo la apariencia de “brujas buenas”, de “diablillos graciosos”, de “muertos de pega”, ... En ese día, bajo la apariencia de una fiesta comercial, lo que se pone en práctica va en contra de los principios y valores cristianos, pues se evoca al diablo y a sus seguidores (las brujas lo son). Y eso, los cristianos ni podemos, ni debemos hacerlo, si queremos ser coherentes con nuestra fe.

Por si fuera poco, con esta “fiesta” se están promoviendo cosas tales como que es lícito hacer daño a alguien si no accede a conceder lo que se le pide; que jugar con el mal y con el ocultismo es algo divertido, que no trae consigo ninguna consecuencia negativa; que la educación que estamos dando a nuestros hijos no es buena, pues si un día al año se puede hacer lo prohibido y no pasa nada, no merece la pena portarse bien el resto de los días; que el demonio y el mal sólo son parte de un mundo irreal que no tiene nada que ver con nuestras vidas y que por lo tanto no nos afectan; o que en nuestra sociedad son perfectamente compatibles las cosas de Dios con aquellas otras que son contrarias a la fe y a la vida cristiana.

Creo que no somos conscientes de estar jugando con fuego y que existe un riesgo muy grande de que nos quememos. Es nuestra obligación empezar a cambiar esta cultura y reintegrarle el carácter cristiano que ha ido perdiendo para evitar que la familia se hunda poco a poco en el relativismo, en el materialismo y el paganismo práctico. No debemos permitir que el consumismo y las fuerzas contrarias a nuestra fe nos lleven a vivir cosas que, lejos de ayudarnos, están poniendo en riesgo nuestra felicidad y la de nuestras familias.

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08 octubre, 2006

EL MARKETING DEL MAL


Desde hace algunos años contemplo cómo todos los ataques que está recibiendo la sociedad, a través de la familia, tienen el mismo patrón. Y es que, en multitud de ocasiones, he tenido la impresión de que esto no se debía al azar o a evoluciones de la sociedad más o menos lógicas, sino que era una secuencia de campañas perfectamente estructuradas cuyo fin era dar un cambio radical a la sociedad encaminado a que se perdieran los valores tradicionales. Y aunque estuviera convencido de que esto era así, no tenía pruebas para demostrarlo. Hasta hoy, que he encontrado un artículo publicado en Diario de Navarra, el 22 de septiembre de 2004, bajo el título “Recetario para una campaña pro-eutanasia”, cuyos autores recuerdan que hace tiempo que “se describieron cuáles deben ser los pasos -cuidadosamente cronometrados- que hay que dar para lograr una estrategia de marketing social que consiga que muchos ingenuos se traguen la aceptabilidad de la eutanasia. Estos pasos sucesivos para engañar a candorosos son:
1 Búsquese un caso lacrimógeno.
2 Désele toda la publicidad posible a ese caso.
3 Cuando todos conozcan el caso lacrimógeno, hágase una trasgresión abierta de la ley.
4 Désele toda la publicidad posible a esa trasgresión.
5 Búsquese a un enemigo para demonizarlo y ridiculizarlo de modo caricaturesco y cruel.
6 Difúndase que la eutanasia es una "realidad social" y que el legislador debe regularla.
7 Defiéndase una ley que tenga -sólo en su letra- un carácter altamente restrictivo.
8 Una vez conseguida la aprobación de la ley, basta con ir interpretándola cada vez más laxamente para llegar a un uso generalizado de la eutanasia.”

Después de una lectura detallada, he visto claramente cómo cambiando sólo la palabra eutanasia por aborto, divorcio, píldora del día siguiente, “matrimonio homosexual”, ..., se ha conseguido cambiar el pensamiento de la sociedad y aprobar leyes que, en absoluto, estaban demandadas.

Conocido el enemigo y conocidas las armas que utiliza es mucho más fácil combatirle. Como dijo Emund Burke, “Para que la maldad prospere sólo se necesita que el hombre bueno no haga nada”. Empecemos por combatir el marketing del mal con el marketing del bien, y no olvidemos que España es un laboratorio en el que se experimenta, tanto para bien como para mal, todo lo que posteriormente se aplica en el mundo hispano.

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