08 octubre, 2008

FOMENTAR LA COEDUCACIÓN


No saben qué hacer. Lo intentan una y otra vez y no lo logran. Intuyen que el éxito de su “revolución” consiste en que se rompan los nexos de unión entre padres e hijos, porque de esta manera es más fácil actuar sobre las conciencias de estos últimos. Han escuchado que para que un cambio en la sociedad triunfe, uno de los pilares en los que tienen que incidir es en el sistema educativo. Y allá están afanándose al igual que han ido haciendo en los años precedentes. Primero, con la inmersión lingüística; luego, dando a los alumnos a elegir entre asignatura de religión o asignatura de ética, careciendo esta última de contenidos y en la mayoría de los casos siendo impartida al mejor criterio de profesores sin formación; después eliminando la ética y sustituyéndola por juegos para aquellos que no quisieran cursar religión; últimamente, implantando por Real Decreto la asignatura de claro adoctrinamiento ideológico mal llamada Educación para la Ciudadanía (de la que adjuntamos un exhaustivo análisis de los libros de texto que se están utilizando este curso para que se pueda comprobar el tipo de “educación” que se está impartiendo). Y ahora, la última embestida es la de fomentar la “coeducación” (otra palabreja hueca como las que tanto les gustan), por supuesto y como viene siendo norma en todas estas actuaciones, saltándose “a la torera” el deber de informar a los padres.

Es cierto que, a estas alturas, la capacidad que tienen nuestros gobernantes de sorprendernos es prácticamente nula, porque se les ve venir. Y no es menos cierto que la mayoría de los ciudadanos, por desgracia, ya no nos escandalizamos casi por nada. Pero sucede que, nuevamente, lo que está en juego es la educación de nuestros hijos, y lo que ha pasado esta vez en Cataluña podría pasar mañana en cualquier parte de nuestro país. Y esta es una línea que ya no podemos dejar que la traspasen, lo mismo que han hecho los padres de esos niños a los que su centro escolar quería obligar a que “compartiesen los vestuarios para ducharse” bajo el pretexto de aplicar la "coeducación" y "fomentar el respeto y la naturalidad en la aceptación del propio cuerpo y de los demás, sin poner barreras que obliguen a separar a alumnos por sexos".

De aquí a que a algún iluminado se le ocurra plantear la iniciativa de hacer colegios nudistas para fomentar “la naturalidad” no falta nada. En el peor de los casos no será aprobada, pero servirá para que durante unos días no se hable de la crisis económica. Esa que durante tanto tiempo nuestro Presidente ha dicho que no existía.

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30 septiembre, 2008

DICEBAMUS HESTERNA DIE ...


Pues si, decíamos ayer (*) que estamos viviendo una época en la que los ataques a la familia se suceden a cada instante, cada día con más fuerza, desde los más diversos ámbitos y en cada nueva ocasión de forma más sibilina. Decíamos también que lo que se persigue es la transformación absoluta de la sociedad desde la óptica del relativismo moral, según el cual lo que está bien y lo que está mal sólo depende de la apreciación individual que cada uno tenga. Y que una de las herramientas más utilizadas es tratar de desnaturalizar la familia mediante el bombardeo mediático dirigido a los hijos.

Traigo esto a colación por
una noticia publicada hace unos días en un diario digital de ideología liberal-conservadora y que vienen a poner de manifiesto que el mensaje que se describía en el párrafo anterior ya ha calado en la sociedad. La noticia relata un hecho que ya ha sucedido en el pasado, aunque por desgracia es algo que cada vez se da con más frecuencia y no de forma esporádica como antaño. Sin embargo, lo que es preocupante es el nivel de los comentarios de los lectores. Da pena pensar que existen padres que se toman a broma la educación de sus hijos y que lo que verdaderamente les llenaría de orgullo es ver a sus retoños convertidos en “machos ibéricos”. Con gente así que cada vez abunda más (y si no me creen no tienen nada más que entrar a cualquiera de los miles de foros en los que da igual el tema que se trate porque siempre se acaba opinando de lo mismo) no es extraño comprobar cómo la sociedad se va poco a poco desmoronando. La prueba palpable son las crecientes cifras de separaciones, divorcios, abortos, maltrato, fracaso escolar y, si nadie pone remedio, en un corto periodo de tiempo selección genética de la raza tanto al comienzo de la vida como al final de la misma.

A pesar de no llegarle a la suela del zapato a Fray Luis de León y de no haber pasado ni la milésima parte de los contratiempos que sufrió él, me permito parafrasearle con su famoso “decíamos ayer” para continuar con mi pequeña aportación a favor de la vida y de la familia.


(*) Cuenta la tradición que después de haber sufrido casi cinco años de prisión injusta en los calabozos de la Inquisición, la Universidad de Salamanca le concedió a Fray Luis de León la cátedra de Escritura; y que al tomar posesión de la misma, empezó su lección diciendo “Dicebamus hesterna die ..." (Decíamos ayer...).

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31 diciembre, 2007

BUENOS PROPÓSITOS


Que la caída en picado que se ha producido en la calidad de enseñanza en nuestro país es una realidad, lo demuestran dos estudios internacionales publicados hace unos días -el Informe del nivel de lectura de la Asociación Internacional para la Evaluación de los Logros Educativos (IEA) y el Informe del Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos (PISA)-. Según estos estudios el retroceso en el nivel académico de nuestros alumnos nos sitúa por debajo de la media de los países de la OCDE y nos relega a las últimas posiciones dentro de la UE-27, lo que acentúa aún más la decadencia de nuestro sistema educativo. Y frente a estos datos, la actuación del gobierno no ha sido otra que la de quitar horas de refuerzo de asignaturas que podrían hacer que la situación cambiara de forma radical para implantar un engendro de asignatura alienante denominado Educación Para la Ciudadanía (EPC), que además va en contra del derecho de los padres a educar a sus hijos.

Estamos a final de año. Un momento en el que todo el mundo parece que se detiene a hacer balance y a formular buenos propósitos para el año nuevo. Sería bueno que los padres nos planteáramos seriamente que la mejor educación para que nuestros hijos sean buenas personas (y de paso buenos ciudadanos) se la debemos dar en casa, desde que nacen, porque si seguimos como hasta la fecha estaremos haciendo lo que el juez de menores de Granada, Emilio Calatayud, del que ya hablamos en
un artículo anterior, llama “Decálogo para formar un delincuente” (publicado en su libro “Reflexiones de un juez de menores”, Ed. Dauro) y que dice así:

1. Comience desde la infancia dando a su hijo todo lo que pida. Así crecerá convencido de que el mundo entero le pertenece.
2. No se preocupe por su educación ética o espiritual. Espere a que alcance la mayoría de edad para que pueda decidir libremente.
3. Cuando diga palabrotas, ríaselas. Esto lo animará a hacer cosas más graciosas.
4. No le regañe ni le diga que está mal algo de lo que hace. Podría crearle complejos de culpabilidad.
5. Recoja todo lo que él deja tirado: libros, zapatos, ropa, juguetes. Así se acostumbrará a cargar la responsabilidad sobre los demás.
6. Déjele leer todo lo que caiga en sus manos. Cuide de que sus platos, cubiertos y vasos estén esterilizados, pero no de que su mente se llene de basura.
7. Riña a menudo con su cónyuge en presencia del niño, así a él no le dolerá demasiado el día en que la familia, quizá por su propia conducta, quede destrozada para siempre.
8. Dele todo el dinero que quiera gastar. No vaya a sospechar que para disponer del mismo es necesario trabajar.
9. Satisfaga todos sus deseos, apetitos, comodidades y placeres. El sacrificio y la austeridad podrían producirle frustraciones.
10. Póngase de su parte en cualquier conflicto que tenga con sus profesores y vecinos. Piense que todos ellos tienen prejuicios contra su hijo y que de verdad quieren fastidiarlo.

Ánimo, hay 366 días por delante para intentar cambiar la situación. Nuestros hijos y la sociedad nos lo agradecerán. ¡Feliz año nuevo!

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31 octubre, 2007

UN PROYECTO DE VIDA


Decíamos en el artículo anterior que el problema de la escasez de tiempo en nuestra vida de familia se reduce lisa y llanamente a una disculpa que viene a esconder, en la inmensa mayoría de los casos, una falta real de generosidad. Pero ¿por qué nos comportamos así? ¿qué es lo que nos hace actuar en contra de aquello que libremente hemos elegido? Posiblemente no exista una sola respuesta a estas preguntas, pues es cierto que influyen muchos condicionantes externos que actúan de forma independiente a los deseos de las personas. Así, el ambiente social basado en un consumismo desmedido o el mal llamado “estado del bienestar” (más preocupado por el “tener para disfrutar” que por el “disfrutar de lo que se tiene”), por poner dos ejemplos, son una muestra palpable de la influencia del entorno en la modificación de los parámetros de actuación de las personas. Sin embargo, podemos asegurar que todas las respuestas que podamos encontrar a esas cuestiones pueden tener un origen común: la falta de un proyecto de vida coherente.

En nuestro trabajo, generalmente, tenemos claro qué es lo que queremos y qué cosas debemos hacer para alcanzar las metas que nos proponemos; es decir, toda nuestra actuación sigue un proceso en el que estamos plenamente involucrados porque sabemos que el éxito final depende de lo que seamos capaces de realizar. Y esta actuación, tan obvia para la mayoría de las personas, somos incapaces de extrapolarla a nuestra vida familiar. Quizá porque cuando un hombre y una mujer se enamoran y ponen los cimientos de un “proyecto de familia” no están partiendo de las mismas bases para transformar los dos “yo” en un “nosotros” y no son capaces de realizar una renuncia total de sí mismos por el bien del otro; quizá porque cuando hablan del amor que se profesan no se están refiriendo al mismo tipo de amor, y mientras uno se refiere a la parte mística del “contigo para siempre”, el otro busca la parte física del “contigo mientras”; quizá porque uno de ellos o ambos, cegados por la reacción emotivo-afectiva, descubren valores que no existen en el otro o dejan de descubrir aquellos otros que son los que realmente existen; ...; quizá porque lo único que se busca en esa relación es simplemente la satisfacción de un deseo fisiológico personal y se deja actuar a las feromonas sin pensar en nada más.

Estamos en una sociedad en la que se banaliza todo y en la que todo se hace “a prueba”, como lo demuestra el hecho de que cada vez son más las parejas que se deciden a vivir juntos antes de darse el “si, quiero”. Y es responsabilidad de los padres trasladar a nuestros hijos la importancia que tiene para su felicidad futura el plantearse un “proyecto de vida familiar” antes de dar pasos que luego no se puedan desandar, y enseñarles a pensar como contraposición a la actuación por impulsos que el relativismo moral se ha encargado de fomentar.

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03 octubre, 2007

EL PROBLEMA DE LA FALTA DE TIEMPO


Nos quejamos, con razón, de que nuestros gobernantes no hagan más que aprobar leyes que van en contra de la familia. Protestamos cada vez que uno de esos ataques logra sus objetivos de minar las bases en las que se sustenta la institución familiar. Nos horrorizamos al comprobar cómo las estadísticas refrendan una crisis en los valores familiares provocada por agentes externos perfectamente estructurados. Y por último alzamos la voz y salimos a la calle cuando ya no queda más remedio que actuar -que siempre, dicho sea de paso, es demasiado tarde-. Pero nunca somos capaces de detectar las causas por las cuales un pequeño embate de los enemigos de la familia hace que se resientan los cimientos y se ponga en peligro toda la estructura. Y es que una de ellas es la manida disculpa de la falta de tiempo para atender nuestras obligaciones familiares.

Cada día es más común escuchar a los padres cosas como “me gustaría estar más tiempo al día con mis hijos, pero me es imposible”, “daría lo que fuera por poder estar más cerca de mi mujer, pero no tengo tiempo”, “si pudiera estaría más tiempo en casa haciendo todo lo que está pendiente”, “no tengo tiempo ni para mí”, y otras por el estilo. Y no se puede negar que en el mundo que nos ha tocado vivir las dificultades van en aumento y que
conciliar la vida laboral y familiar en este momento es una tarea ardua. Pero el problema no radica ahí sino en algo más profundo como es la escala de valores que uno tiene y la preponderancia que le da a las cosas.

No conozco a nadie que, un día tras otro, se queje de la falta de tiempo para comer hasta llegar a la inanición; y son realmente pocos los que tienen una afición y nunca encuentran un minuto de tiempo para dedicárselo. Porque, realmente, cuando uno quiere algo y considera que es prioritario, siempre encuentra tiempo para hacerlo. Sin embargo, no nos percatamos de que nuestra familia, nuestra mujer o nuestro marido y nuestros hijos, son algo vital que están esperando defraudados a que aprendamos a dedicarles un poco de tiempo solamente para ellos, sin tenerlo que compartir con periódicos, televisiones o trabajo.

Si somos capaces de ordenar nuestra vida y, por tanto, nuestras prioridades estaremos empezando a poner solución a tan alarmante incremento del número de matrimonios rotos y, por supuesto, también a otros problemas como el fracaso escolar o la violencia juvenil. Merece la pena intentarlo. En casa nos lo agradecerán.

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27 septiembre, 2007

SENTIDO COMUN

Muchas veces me he preguntado de dónde le viene al ser humano la capacidad para complicar las cosas, para hacer difícil lo que realmente es fácil. Y reconozco que no sabría dar una respuesta que fuera coherente, quizá porque soy consciente que también yo contribuyo a esa confusión o quizá porque es algo que está tan “a la orden del día” que es difícil tener una perspectiva de su alcance cuando uno lo está viviendo. Por eso, cuando aparece un testimonio de alguien que aplica el sentido común para explicar lo obvio sin tener que recurrir al discurso empalagoso, ni a las frases grandilocuentes que las más de las veces no dejan de ser sino expresiones huecas, se da cuenta de que vive en un mundo en el que no se hace nada más que complicar, enredar, embrollar, confundir, enmarañar, liar, intrincar, enrarecer y dificultar cualquier cosa en aras de que se entienda mejor.

Traigo esto a colación porque mi buen amigo Javier M.-M., extraordinario padre de familia numerosa preocupado por la formación de sus hijos, me ha enviado un correo electrónico en el que me invita a ver
un video de una charla sobre educación. Se trata de la intervención de D. Emilio Calatayud Pérez, Juez de Menores de Granada, en la V Tertulia del Consejo Escolar de La Comunidad de Madrid titulada "Familia y Escuela ante la Prevención de Conductas de Riesgo".

Comienza explicando la situación actual de las relaciones familiares diciendo entre otras cosas que “hay que llamar a las cosas por su nombre”, que “se es menor de edad hasta los 18 años, para lo bueno y para lo malo”, que la “Constitución, el estado democrático de derecho y las leyes ... han dado a los menores muchos derechos” mientras que los
artículos 154 y 155 del Código Civil “se han derogado socialmente”, aunque están en vigor; y que “el pertenecer a una familia no es «jauja»”, pues uno tiene sus derechos pero también tiene sus deberes.

Continúa enumerando las causas que han conducido a esta situación diciendo que “hemos evolucionado mucho, en muy poco espacio de tiempo”, pasando de ser padres autoritarios a ser colegas y amigos de nuestros hijos en una situación social en la que “hay que dialogar, hay que razonar y hay que argumentar” todo. Se les ha quitado la autoridad a los maestros y se les ha hecho ver a los alumnos que todos somos iguales. Se ha permitido que haya niños fuera del colegio en horario escolar, dejándolos desprotegidos ante la delincuencia y fomentando el fracaso escolar.

Por último, aporta soluciones para los padres (“tienen que apoyar a los centros escolares” y además, “tienen que ejercer de padres”) poniendo de manifiesto la importancia que tiene en la actualidad la formación para ser padres; para los colegios, poniendo medios para solucionar conflictos; para la sociedad, a la que le pide que abandone la hipocresía; y para el Legislador, al que demanda normas coherentes que pongan fin a la banalización y al todo vale que impera en nuestros días. Termina pidiendo un compromiso social y una ausencia de complejos para decir que no cuando sea necesario “sabiendo distinguir entre un no de protección y un no autoritario”.

Toda una lección magistral de sentido común en apenas veinte minutos.

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15 agosto, 2007

EDUCACIÓN PARA EL ADOCENAMIENTO


Estaba claro que una vez que el gobierno había perdido la calle, y con ella la influencia sobre la sociedad -que con tanta habilidad como falta de escrúpulos había manipulado desde el final de la legislatura anterior, cuando estaba en la oposición-, debía poner en marcha el “plan B” para ganar la conciencia de los futuros votantes y, de paso, seguir con la campaña de cambios radicales en la sociedad tendentes a destrucción de la sociedad previa a la implantación de un nuevo régimen en España o, a lo peor, en lo que quedara de ella. Y en esas, apareció uno de esos ideólogos del resentimiento con añoranzas mal disimuladas del más rancio marxismo y “redescubrió” la forma que tienen las dictaduras de ganarse a la gente: dirigir la educación de las personas mediante la transmisión de mensajes enfocados a ensalzar aquello que en un momento más interese. Es decir, diseñar el “adocenamiento” de los ciudadanos. Así, bajo el pretexto de nuestro bien (sibilina manera de imponer que tienen todas las dictaduras), ya nos han controlado qué debemos comer, qué y cuánto podemos beber, a que velocidad hemos de conducir, ..., y esto, ahora que el Estado pregona a los cuatro vientos que su objetivo es velar por nuestras libertades, se traduce en recortes nunca imaginados de las mismas, en un control férreo de la parte material de nuestras vidas. Y por si esto no fuera suficiente, en un alarde de “tolerancia sin límites”, el intervensionismo de los socialistas que nos gobiernan ha desempolvado su lado marxista (ese del cual renegaba el PSOE en los años de la Transición de la mano de Felipe González), para tratar de controlar nuestra parte espiritual mediante la imposición de la asignatura “Educación para la Ciudadanía”, no permitiéndonos ejercer nuestro derecho de oposición a esa intromisión en nuestras vidas y amenazándonos con el peso de la ley si decidimos declararnos objetores de conciencia.

Desde fuera podría pensarse que este asunto no tendría mucha importancia si sólo fuera fruto del “calentón mental” de unos gobernantes irresponsables. Pero no es así. Se trata de poner a prueba en España un plan perfectamente orquestado para la transmisión de los “valores oficiales del laicismo progresista”, es decir, de una nueva forma de manejo de las conciencias dirigida a alienar a las personas que, si sale bien, pronto será exportada a otros países del mundo, empezando por nuestra querida Iberoamérica. Y en esta “batalla” es mucho lo que nos jugamos; para empezar, lo más sagrado que tiene el hombre: su libertad.

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28 julio, 2007

AMENAZAS A LA CIUDADANIA


Hace unos meses, un visitante chileno dejaba un comentario, a propósito de un artículo sobre el relativismo moral en el que decía que “es demasiado fácil darse de defensor de palabra de ciertas ideas, y luego al enfrentar la realidad actuar de modo contrario. Argumentos puede haber muchos, pero no ser capaz de actuar según se piensa deja mucho que desear. Acá en Chile usamos una frase muy antigua: «el padre Gatica predica pero no practica»”. Esto, que se me quedó grabado por la sencillez del argumento y por la contundencia de la afirmación, hoy me ha vuelto a la memoria cuando he leído la declaración del ministro de justicia: “quien no cumpla la ley tendrá que atenerse a las consecuencias”. Y es que, en esa carrera por ganar méritos de cara a las elecciones que se avecinan, le tocaba el turno al Ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, como un eslabón más en la ya larga cadena de amenazas que se han proferido desde el gobierno a los padres que se han acogido al derecho constitucional de la Objeción de Conciencia, como método último de defensa ante la imposición del “adoctrinamiento socialista” de los hijos, enmascarado bajo ese engendro de asignatura llamada “Educación para la Ciudadanía”.

Este ministro es el mismo que dijo abiertamente cuando era fiscal
“soy de izquierdas y como tal actúo”. Y a este ministro, que sólo se permite a sí mismo esas licencias, es al que le digo yo ahora que “soy católico y como tal actúo”, y en el uso de mi libertad, esa que me ha dado Dios (no el gobierno) y de la cual deberé dar cuentas algún día, presento mi objeción de conciencia contra la asignatura Educación para la Ciudadanía por muchos motivos, pero ante todo por el que me faculta como padre a elegir la formación moral que quiero para mis hijos y no la que me imponga un gobierno que utiliza la palabra “educación” para adoctrinar a los niños en el laicismo más recalcitrante y en el socialismo más rancio y trasnochado.

Decía Simón Bolívar que “Sólo la democracia... es susceptible de una absoluta libertad, libertad que se define como el poder que tiene cada hombre de hacer cuanto no esté prohibido por la ley” y la ley, señor ministro, no solo no me prohíbe ejercitar mi derecho sino que me lo confiere. Y en nuestra democracia, la ley de leyes es la Carta Magna que así lo recoge. Otra cosa es que lo que la mayoría de los españoles entendemos por democracia no sea lo que usted piensa; en ese caso me remito al discurso que pronunció Nelson Mandela en la Cumbre del Mercosur, celebrada en Ushuaia, en julio de 1998, en donde dijo que “si no se respetan los derechos elementales de las personas, la democracia es una cáscara vacía, aunque los ciudadanos voten y tengan Parlamento”.

¡Ah! Y aplíquense un poco de su
“bálsamo de Fierabrás” en el aspecto relativo a la ciudadanía y dejen de amenazarnos, que por ese camino no van a conseguir nada.

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17 junio, 2007

PACTO POR LA FAMILIA


A nuestros gobernantes, al igual que sucede en una gran parte del mundo occidental, parece que la familia les importa poco. O al menos eso es lo que demuestran con sus actos en contra de ella. En muy pocos años han conseguido dinamitar todos los pilares en los que se asentaba la institución familiar, ya fuera implantado el aborto libre -más o menos camuflado en unas leyes permisivas con el trasgresor-, fomentando la ruptura matrimonial mediante el “divorcio exprés”, imponiendo el mal llamado “matrimonio homosexual” (sin existir siquiera una mínima demanda social) o legislando una serie de normas que han dejado el sistema educativo a la altura de los de las repúblicas bananeras y con el que lo único que ha avanzado es el fracaso escolar, el acoso a profesores y compañeros, y la falta de respeto hacia padres y personas mayores. Y ha tenido que ser en estas circunstancias cuando el Comité Económico de la Unión Europea ha pedido a los países miembros un pacto por la familia contra la crisis demográfica, porque ha visto que con el aumento de “la esperanza de vida de la población europea” y con “el reducido número de hijos por mujer” se cierne una grave amenaza sobre los sistemas sociales, los cuales estarían en quiebra antes del año 2050.

Decíamos en un
artículo escrito a primeros de año, a propósito de las terribles cifras del aborto en España, que “sólo hay un hecho que puede hacer despertar a nuestra sociedad de este letargo en el que se encuentra. Y es el que se refiere a que en la actualidad, casi de forma generalizada, los cuatro abuelos de una familia sólo tienen un nieto, el cual -en muy poco tiempo, si Dios no lo remedia- deberá pagar, sin ayuda de nadie, las pensiones de sus antecesores. Qué triste que este vaya a ser el motivo ¿verdad?”, y parece que el tiempo nos ha venido a dar la razón.

Señores del gobierno, rectificar es de sabios, y aunque sea por una causa tan poco noble como la de asegurarse las prestaciones sociales y la pensión del futuro, háganlo. Sigan los consejos del Comité Económico de la UE, y dense prisa pues ustedes han dejado a la familia en la UCI y el enfermo se les puede morir antes de lo que se imaginan.

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26 mayo, 2007

LA NUEVA EDUCACIÓN EN VALORES


Tal y como se ha diseñado hasta la fecha la implantación de la nueva asignatura con la que el gobierno pretende educar a nuestros hijos -arrogándose el derecho que nos asiste a los padres de ser los que determinemos la educación moral que deseamos para ellos-, no es de extrañar que la polémica que gira en torno a ella cada día sea mayor. Vaya por delante el que, al igual que el gobierno, pienso que uno de los más graves problemas que tiene nuestra sociedad es la falta de educación en valores. Sin embargo, existe un abismo entre el concepto que tengo yo de lo que son los valores y lo que significan para el gobierno. Para mí esos valores son cosas tales como el respeto, la sobriedad, el desprendimiento, la generosidad, la perseverancia, el sacrificio, la obediencia, la responsabilidad, la gratitud y la obediencia (por citar algunas de ellas). Pero parece que para el gobierno no. A la vista de lo publicado estos días, los “valores” que quieren transmitir están recogidos en la guía didáctica “Educar en Valores”, la cual da las oportunas orientaciones pedagógicas a padres y profesores sobre los contenidos que integrarán la nueva asignatura de Educación para la Ciudadanía.

A modo de resumen podemos decir que los temas tratados se recogen en una serie de capítulos en los que se tratan pacifismo, eutanasia, racismo, tolerancia o inmigración. Y como guinda a ese “pastel”, en otro de los capítulos llamado “Somos iguales, somos diferentes”, se ofrece orientación “sobre recursos didácticos útiles a la hora de abordar en clase el goce de la homosexualidad y la celebración del multiculturalismo”. Entre otros “recursos” se incluye un cómic (¿?) de un tal Nazario con el desafortunado título de “Alí Baba y los 40 maricones” (en
este enlace hay una muestra del cómic que enseña imágenes con contenido de sexo explícito, que pueden herir su sensibilidad y sus convicciones), una guía de sexo seguro para gays, o un catálogo con “artísticas fotografías” para la práctica de la homosexualidad. Parece increíble que sea esta basura la que quieren inculcar a nuestros hijos y que pretendan que los padres no nos sublevemos ante este despropósito ¿verdad?

Pero para más escarnio, a pesar de la gravedad de lo que acabamos de comentar, nuestros gobernantes han conseguido -vaya usted a saber por qué medios, que mucho me temo que sean económicos- el apoyo de la Federación Española de Religiosos de Enseñanza-Centros Católicos (FERE-CECA), más preocupados por jugar a empresarios que por defender la moral que predica la Santa Madre Iglesia, y
ha tenido que salir al paso la Conferencia Episcopal Española en defensa del derecho de los padres a elegir la educación en valores para los hijos. ¡Dios mío, qué “cestos” seremos capaces de hacer con estos “mimbres”!

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04 mayo, 2007

LA PÍLDORA DEL DIA DESPUÉS


Estamos en época de elecciones y, como ya es habitual, a los políticos se les llena la boca de promesas que, la mayor parte de las veces, sólo son un recurso para arañar un puñado de votos. Pero en el caso que nos ocupa, la promesa va más allá. Días atrás, un candidato se comprometió -si ganaba las elecciones del próximo 27 de mayo- “a dispensar gratuitamente la píldora poscoital a las menores de 26 años” y al resto de las mujeres “se dispensaría como medicamento” y “se obtendría en todos los centros sanitarios dependientes de la Consejería de Sanidad”.

Verdaderamente es muy triste comprobar como en la política vale todo con tal de conseguir el tan ansiado premio de gobernar. Y dentro de este “todo” se incluye el jugar con la vida de los no nacidos, poniendo como excusa futilidades tales como que los jóvenes carecen de “información de carácter sexual y reproductivo”, como que “un embarazo no deseado en una adolescente es un drama personal y un drama social”, o como que “en las setenta y dos primeras horas no se produce un aborto porque sólo hay un grupo de células”. Decía Honoré de Balzac que “La ignorancia es la madre de todos los crímenes”, y convendría recordarle a este político que hay infinidad de trabajos científicos que avalan el hecho de que esa píldora es abortiva. Convendría también recordarle que ante la actitud irresponsable de una gran parte de la juventud actual no caben grandilocuencias ni parches, sino actuaciones encaminadas a resolver los problemas y un giro radical en los planteamientos actuales de la sociedad.

El progreso ha conseguido hacer que el “estado del bienestar” consista en tener cada día más derechos y menos obligaciones; y que al mismo tiempo que se logra tener una vida más cómoda, se esté huyendo del compromiso hacia todas las cosas que requieren un esfuerzo a medio plazo. Y la culpa de que esto sea así se encuentra en la falta de responsabilidad de los padres en la educación de los hijos en el valor de la vida humana, en el respeto a los demás, en la entrega libre y generosa, en el verdadero amor, ..., en el sacrificio.

Recomiendo que lean
este artículo de una amiga chilena y que se detengan en los comentarios, especialmente en los de Loreto.

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06 abril, 2007

DE MAYOR, FUNCIONARIO


El pasado diciembre escribía en este blog un artículo titulado El relativismo moral, y en el mismo, una de las cosas que decía era que “... desgraciadamente, muchos jóvenes hoy encuentran fascinante este modo de vivir, que solamente les obliga a pensar en el presente, en el día a día, sin más horizontes que lo que vaya a pasar en el futuro más cercano; porque la recompensa es inmediata y no requiere ningún esfuerzo especial. Quizá esta situación ha sido provocada por una vida frecuentemente marcada por la incomunicación, por la falta de diálogo en familia, por las dificultades en el colegio o en el trabajo. O quizá sólo sea la falta de educación en el esfuerzo y en el afán de superación ...”. Un hecho ciertamente preocupante, ya que lo que parecía que se estaba implantando en nuestra sociedad era la ley del mínimo esfuerzo. Tan solo cuatro meses después una noticia publicada en un diario nacional, referida a una encuesta del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, recogía el hecho de que “más del 65% de los jóvenes universitarios españoles prefiere ser trabajador público a tener un contrato fijo en una empresa”, y venía a poner de manifiesto que ésta es una consecuencia directa de la falta de responsabilidad en la educación de los hijos.

Personalmente, no tengo nada en contra de los funcionarios, ya que -entre otras muchas cosas- prestan un servicio público de “intermediación” entre el estado y los ciudadanos. Sin embargo, en nuestro país tradicionalmente se ha asociado la idea de ser funcionario con un puesto de trabajo de por vida, con un horario fijo y sin horas extras, del que no te pueden despedir, en el que no te evalúan la productividad, en el que asciendes no por méritos sino por antigüedad y en el que hagas lo que hagas siempre vas a cobrar el mismo salario (vamos, lo que se dice un chollo). Quizá sea por eso por lo que es tan atractivo para ese elevado porcentaje de estudiantes universitarios ser funcionario, pero no debemos olvidarnos de que seguro que ha influido en una gran medida la deficiente educación que los padres estamos dando a nuestros hijos y la dejación de funciones en dicha tarea que cada día hacemos y que es asumida por la televisión, los amigos, la sociedad consumista y el marketing agresivo orientado hacia el “carpe diem”.

Prescindiendo de los temas relacionados con la productividad y la competitividad de nuestra economía -que, a buen seguro, se van a ver afectados de forma negativa-, lo que está en juego es la felicidad futura de nuestros hijos, ya que sólo valorarán aquello que consigan con esfuerzo y podrán disfrutarlo en la medida en que les haya costado conseguirlo. Es cuestión de ponerse manos a la obra y trabajar sin descanso en su educación.

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26 febrero, 2007

ENSEÑAR A SER RESPONSABLES


Últimamente, y cada día que pasa con mayor frecuencia, oímos a muchos matrimonios quejarse de que sus hijos no les obedecen y que están en casa como si fuera en un hotel de cinco estrellas. Dicen los padres que es por las influencias externas, por la mala educación de los amigos, por los cambios que ha experimentado la sociedad, por el exceso de información que hay en el ambiente, ..., pero se olvidan de enumerar la causa más importante: la falta de responsabilidad con la que hoy educamos a nuestros hijos. Desde una sociedad basada en el consumismo más feroz, se ha sustituido la familia por una especie de “fábrica de seres egoístas” que sólo piensan en sus derechos. Y es que, ya desde pequeñitos, estamos acostumbrando a nuestros hijos a que no les falte de nada, a que cualquier capricho que tengan lo consigan sin esfuerzo, a que no padezcan el más mínimo sufrimiento, a sobreprotegerles ante cualquier adversidad que se les presente y a que, en definitiva, abominen de todo aquello que tenga que ver con sus responsabilidades. Y son esas responsabilidades las que debemos fomentar en el ámbito familiar, ya que al fin y al cabo, nuestros hijos forman parte de la unidad familiar y deben colaborar en el buen funcionamiento de la misma. Así, debemos enseñarles a cooperar en los trabajos ordinarios que se dan en el funcionamiento diario de cada familia mediante la asignación de encargos adecuados a su edad. Con ello estaremos ayudando a nuestros hijos en el desarrollo de su personalidad, fomentando su sociabilidad, estimulando el aprendizaje del trabajo en equipo, potenciando la importancia del esfuerzo, y, sobre todo, enseñando a nuestros hijos a ser responsables siendo generosos y agradecidos mientras piensan en los demás.

¡Ah!, y para no caer en el error de que nuestros hijos desobedezcan y estén “de hotel” en casa, en ningún caso hemos de hacer nosotros el encargo de nuestros hijos (es evidente que cuando son pequeños nosotros lo haremos mejor y más rápido, pero ellos pensarán “para qué esforzarme en hacerlo si luego vendrán mis padres y lo harán de todas formas”).

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24 diciembre, 2006

PROYECTO PRONIÑO: AUN HAY ESPERANZA

Hace unos días leía en un periódico de tirada nacional que Uno de cada seis niños trabaja en el mundo, es decir, al menos 218 millones de menores -muchos de ellos con menos de 10 años- realizan un trabajo profesional, el cual para la gran mayoría de ellos se lleva a cabo en ínfimas condiciones, es una forma de esclavitud, procede de una servidumbre por deudas, o lo que es peor, está enfocado a la prostitución o a servir como niños soldados.

Confieso que cuando he leído la noticia se me ha encogido el corazón. Como si hubiera sido movida por un resorte, mi imaginación ha volado hacia el ejemplo más cercano que tengo: mis cuatro hijos (todos ellos menores de 10 años) y he pensado las durísimas condiciones que se deben dar para que una familia llegue a aceptar esta práctica como condición de subsistencia.

No se si será por las fechas en las que no encontramos o no, pero el caso es que a la primera noticia la acompañaba otra titulada
Fundación Telefónica saca a 24.000 niños de la calle y los devuelve a la escuela. Por medio del proyecto PRONIÑO, que se desarrolla en trece países (Argentina, Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Ecuador, Guatemala, México, Nicaragua, Panamá, Perú, Uruguay y Venezuela), se está facilitando la financiación necesaria para que los menores reciban una educación de calidad, que tengan una cobertura sanitaria y una alimentación de la que en muchos casos carecen. Al mismo tiempo se apoya a los profesores y a los colegios para que conozcan de primera mano la problemática del trabajo infantil y cómo afrontar la educación de estos niños. El objetivo final es demostrar en los grupos sociales desfavorecidos que un niño que trabaja es un delito contra la sociedad y no dos manos más para producir y dar de comer a toda la familia.

Vistos los resultados obtenidos hasta la fecha (más de 24.000 niños recibiendo formación y otros 17.000 recibiendo ayudas de forma indirecta en 358 escuelas y centros de atención) y los objetivos propuestos (para 2008, duplicar el número de beneficiarios) podemos afirmar que todavía hay esperanza, que no todo es negocio en las empresas y que aún se piensa un poco en los demás, en los más desfavorecidos. ¡Ojalá cunda el ejemplo!, y en el nuevo año muchas más empresas se sumen a esta iniciativa.

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18 diciembre, 2006

INTOLERANCIA “TALIBÁN”


Creo que desde siempre se ha dicho que los italianos y los españoles somos iguales prácticamente en todo, y que son muchas más cosas las que nos asemejan que las que nos diferencian. Y de eso yo estaba convencido hasta que leí una noticia que decía que “Una directora de instituto tira a la basura un Belén realizado por los alumnos de Religión”, y la confronté con otra titulada "Italia: Habrá un Belén en el Parlamento".

La primera de ellas se produjo hace unos días en un instituto de Mijas (Málaga), en el que su directora, alegando que en la “escuela pública de un país laico no están permitidos los símbolos religiosos”, tiró a la basura un Belén montado por los alumnos de la clase de Religión. Al pedirle explicaciones la profesora de la asignatura por esta actitud, la directora le señaló que “este tipo de actividades no pueden tolerarse en un centro público donde conviven alumnos de diferentes religiones que podrían sentirse ofendidos”. Estas declaraciones soliviantaron a los docentes del citado instituto, quienes compararon la actitud de la directora con la intolerancia “de los talibanes que destruyeron las imágenes de los Budas en Afganistán”.

La segunda tuvo lugar por las mismas fechas en Italia, como respuesta a la decisión, puramente comercial, de unos grandes almacenes de no poner a la venta las figuras del belén. Pero lo curioso es que en esta ocasión los más beligerantes han sido el Presidente de la Cámara -ex secretario de Refundación Comunista- Fausto Bertinotti y Francesco Rutelli, ministro de Bienes Culturales y vicepresidente del gobierno de izquierdas de Prodi. Bertinotti hizo unas declaraciones en las que se preguntaba "¿Por qué no íbamos a poner el belén? Se trata de algo prestigioso y unificador", y en las que añadía que "creo que es un buen modo de respetar la Navidad" y "es también un modo respetuoso para quien no es creyente, porque además de expresar un motivo religioso, expresa también un aspecto de la vida de nuestro país". Por su parte Rutelli dijo que el belén "no puede ser presentado como el fruto de una concepción clerical: sería una trivialización absurda", y recordó que "la dramatización de la Navidad tiene un aspecto histórico, cultural" y que "una sociedad que pierde de vista estos valores pensando que son solo relatos ideológicos es una sociedad que se empobrece".

Sobran las palabras para poner de manifiesto las diferencias entre ambos países. En Italia se distingue aún entre las ideas políticas y el hecho de que las raíces cristianas están presentes en la cultura occidental. En España ha calado un tremendo sectarismo que ha hecho que la progresía mas rancia confunda el laicismo con la estulticia.

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05 diciembre, 2006

EL RELATIVISMO MORAL

Quizá no nos damos cuenta, o quizá es que la forma de actuar es tan sibilina que no nos permite ser totalmente conscientes de los peligros que corre la familia en unos momentos en los que en la sociedad se ha implantado el relativismo moral; la filosofía de vida en la que todo vale y en la cual las normas de moralidad -que aparentemente eran aceptadas por todo el mundo- pueden ser adaptadas a las actuaciones de cada uno de nosotros en función de lo que nos interese en un momento determinado.

Y es que el mensaje del “haz lo que quieras”, ha calado hasta la misma raíz de la familia. Bajo la idea de vivir una vida sin reglas que no hace mal a nadie, se ha ido transmitiendo poco a poco el pensamiento de que el hombre es autosuficiente y que puede ponerse en lugar de Dios y jugar a ser Él, o vivir bajo la enseña del propio placer sin que esto afecte a los demás. Ciertamente, una filosofía de vida egoísta, que en el fondo sólo busca el anular a la propia persona, invitándola a replegarse sobre sí misma y a no creer en nada más que en el hecho de que “la vida es una jungla en la que los más fuertes triunfan sobre los más débiles”.

Desgraciadamente, muchos jóvenes hoy encuentran fascinante este modo de vivir, que solamente les obliga a pensar en el presente, en el día a día, sin más horizontes que lo que vaya a pasar en el futuro más inmediato; porque la recompensa es inmediata y no requiere ningún esfuerzo especial.

Quizá esta situación ha sido provocada por una vida frecuentemente marcada por la incomunicación, por la falta de diálogo en familia, por las dificultades en el colegio o en el trabajo. O quizá sólo sea la falta de educación en el esfuerzo y en el afán de superación. Lo que sí es seguro es que no se trata de una situación irreversible. Se puede desterrar de nuestra sociedad el relativismo moral de una manera sencilla. En casa, enseñando a nuestros hijos a tener un mayor sentido crítico, ayudándoles a reflexionar, a entender y a saber elegir entre la satisfacción momentánea producida por el placer y la satisfacción permanente conseguida a través del sacrificio. En el mundo laboral y en el de la educación impartiendo formación sobre deontología y ética profesional y empresarial.

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28 noviembre, 2006

CONSUMISMO Y SOBRIEDAD


Que el consumismo y el derroche han calado en nuestra sociedad es un hecho que no admite discusión. A las pruebas me remito. En Madrid, y por las noticias que tenemos en muchas otras ciudades españolas (y de medio mundo), hace tiempo que se instalaron multitud de adornos navideños y esta semana pasada se ha procedido a su encendido oficial, adelantándose a la fecha en que tradicionalmente se hacía (a este paso, nuestros gobernantes locales harán que empiece la Navidad en septiembre, justo en cuanto termine la campaña de “la vuelta al cole”). El motivo no es otro, como bien saben los expertos en marketing, que incitar al consumo, a la compra sin medida.

Y al mismo tiempo que vemos esto, nos extrañamos del hecho de que nuestros hijos actúen igual que nosotros. Me explico. El pasado día 23, en el titular de portada de un
periódico gratuito se hacía referencia a que “Los niños españoles, (son) los que menos llenan la hucha del cerdito”, y continuaba la noticia resaltando que “en España, los pequeños dedican poco dinero a ahorrar, pero piensan pronto en consumir”. Es significativo el hecho de que del “dinero que 'cobran' cada semana, un 31% se destina al ahorro, frente al 53% de la media de los países europeos”, pero es que además, la parte destinada al ahorro no es para posiles contingencias sino para comprar cosas más caras para las cuales hoy no tienen bastante.

Nos estamos olvidando de que la sociedad actual se construyó a base de ahorro y esfuerzo de nuestros padres y abuelos, y que gracias a esa actitud se pudo levantar una economía que hace casi 70 años estaba totalmente destruida como consecuencia de la guerra civil que padecimos. Haríamos bien en luchar contra la filosofía del “carpe diem” educando a nuestros hijos en la sobriedad, en la sencillez, en la moderación y en la prudencia. Pero haríamos aún mejor intentando vivir nosotros esas virtudes primero para poder educarlos con el ejemplo.

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20 noviembre, 2006

"ATENTADOS" CONTRA FUNCIONARIOS


Se veía venir. Estaba claro que había que poner una solución al problema, y que esta debía tomarse pronto para tratar de resolver la situación. Una situación que por dejadez, por falso progresismo, por ineptitud de los responsables o por no tomar una decisión “mal vista” por la juventud, se estaba escapando de las manos y se estaba convirtiendo en un grave problema.

También estaba claro que había dos maneras de resolver el problema. Como todo en la vida, una de ellas era la de atajar el asunto de raíz, poniendo el remedio en el origen, buscando una solución que impidiera el rebrote de la violencia; mientras que la otra consistía en tratar de poner un freno de urgencia, un parche momentáneo que sólo durará un tiempo. Y es esto último lo que han hecho.

En varias noticias aparecidas en los días de atrás, leemos que la Fiscalía del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía primero, y luego el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña “han reafirmado su compromiso de calificar las agresiones a profesionales de la enseñanza, por parte de los alumnos, como «atentados» contra funcionarios; un delito que podría estar castigado con penas de hasta cuatro años de prisión. De esta forma se protege un poco más al educador ante las situaciones de violencia que se han vivido últimamente en los centros educativos.”

Vaya por delante que al menos esta vez, aunque pudiera ser por la cercanía de unos comicios electorales, se ha hecho algo. Pero urge un pacto por la educación que evite que ésta sea utilizada por el partido que gana las elecciones para hacer los cambios que más interesen a la persona que en su momento ocupe la cartera del Ministerio de Educación. Lo que está en juego, independientemente del futuro del país, es la educación de nuestros hijos. No sirve otra medida. Hace falta que, primero, los padres comencemos a ejercer la autoridad en nuestros hogares; segundo, volvamos a dar autoridad moral a los profesores y a los responsables de los colegios; y tercero, creemos un sistema educativo basado en valores universalmente aceptados. Porque, si esto sigue así y con la medida adoptada no se consiguiera atajar el problema ¿cuál sería el siguiente paso que habría que dar?, ¿quizá el de endurecer las penas?, ¿o el de obligar a cumplir las condenas en su totalidad?. ¿Pero es que alguien confía en que un menor de edad, en un país con una de las legislaciones más permisivas que existen en el mundo, va a cumplir una condena así?. Por una vez seamos serios y procuremos buscar una solución definitiva. Las generaciones futuras nos lo agradecerán.

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13 noviembre, 2006

CONSEJOS DE PADRES


“Conócete a ti mismo. Por semejanza a Dios procede como hechura de su mano. Huye del vicio. Busca la virtud. Aborrece el ocio. Ama el trabajo. No seas soberbio, antes humilde. No mientas porque es la mayor vileza de los viles. Procura los amigos mejores que tú, pues con esto y verdad, secreto y limpieza de alma, nos sucede bien todo. Da lo que pudieres bien distribuido. No olvides los beneficios ni te acuerdes de las injurias si quieres aparecerte a Dios, y advierte que el osar morir da la vida porque los honores con grandes peligros y trabajos se adquieren. Ama y teme a Dios y atribúyele los sucesos porque no hay otra fortuna.”

Esta es una inscripción que se encuentra en la Torre del Homenaje de Fefiñanes, construida en el siglo XVI por los padres del valido de Felipe II, Don Juan Sarmiento de Valladares. Cayó en mis manos por casualidad hace algunos años, durante unos días de descanso en Galicia.

Muchas veces he pensado en ella, en lo que se dice y en lo que se transmite en cada una de sus frases. Me he imaginado que es el legado de formación espiritual y humana que los padres de Don Juan Sarmiento dejaron a su hijo; una especie de resumen de lo que tenía que ser su vida, de los principios que desde niño le intentaron inculcar, de lo que pensaban que era lo más importante para que él fuera un buen hombre en el futuro. Y para que no se le olvidara nunca, lo esculpieron en la piedra en la que hoy se conserva y se sigue transmitiendo a las generaciones posteriores.

Así me gustaría a mi transmitir a mis hijos esos mismos principios, sin añadir ni quitar ninguna coma, esculpidos en sus cabezas como si de una roca se tratara, deseando que el paso del tiempo y las influencias del entorno no borrasen ni una de las letras que con tanto esfuerzo y dedicación mi mujer y yo hemos ido escribiendo en su formación. Y eso es lo que le pido a Dios, que nos ayude a ser constantes en esta maravillosa labor, que nos siga iluminando para darles buen ejemplo, y que nos permita seguir a su lado para completar esta tarea que hacemos por delegación suya.

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06 noviembre, 2006

DERECHOS Y DEBERES


Estos días ha aparecido en la prensa el resultado de una encuesta en el que se pone de manifiesto la extrema dificultad que tienen los musulmanes para integrarse en las costumbres españolas. Así queda reflejado en las conclusiones del estudio realizado por el director de la investigación, Luis Fernando Vilchez, profesor de la Universidad Complutense, entre las que cabe destacar que el “70% de los musulmanes que viven en España reconocen que les cuesta vivir en democracia”, “un 60% se siente en parte o bastante rechazados”, “sólo un 28,7% considera que el Islam y la democracia son totalmente compatibles”, “un 58,3% considera normal que un cristiano pueda convertirse a la religión musulmana, mientras que sólo un 22,7% aceptaría que un musulmán se convirtiera al cristianismo”, y como colofón “un 71,3% no dejaría a un hijo o hija casarse con una persona no musulmana”.

Sin embargo, el dato más curioso y que merece la pena destacar es el que se refiere a que todos esos resultados son totalmente opuestos entre las personas entrevistadas más jóvenes y con más educación. Así, las musulmanas más jóvenes y las que tienen un mayor nivel de estudios son las que se sienten más aceptadas; mientras que los musulmanes más jóvenes y los que tienen más estudios consideran mucho menos problemático compatibilizar su fe con la democracia. El profesor Vilchez destaca que "a mayor nivel de estudios corresponde mayor nivel de tolerancia, comprensión, cierto despegue de determinados usos culturales y, en una palabra, mayor integración en la sociedad española con todas las consecuencias".

A la vista de lo anterior cualquiera podría concluir que una educación seria y equilibrada, basada en el respeto, en unos valores universalmente aceptados y en el equilibrio entre unos deberes y unas obligaciones, puede hacer que las barreras existentes entre diferentes culturas lleguen a desaparecer. Y si esto es así, ¿me puede explicar alguien porqué en las civilizaciones avanzadas como la nuestra no se aplica este criterio para evitar que se pierda una generación por la falta de educación que se está trasladando a niños y jóvenes en los diferentes estamentos?

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