07 agosto, 2006

CONSECUENCIAS EVITABLES


En los últimos artículos hemos insistido en la necesidad de que la educación de los hijos debe ser cosa de dos, del matrimonio. Que se debe fundamentar en un proyecto común anterior a su nacimiento y construir sobre el ejemplo que los padres transmiten a sus hijos, haciéndose amigos de ellos y administrándoles la libertad correspondiente a su edad a la vez que se les educa en la responsabilidad adecuada a esa libertad. De esta manera y, por supuesto, fomentando las virtudes en nuestros hijos podremos obtener los mejores resultados. Prueba de ello es el hecho de que en la sociedad actual, en la que estos parámetros están considerados como “retrógrados” y no se aplican, algo está fallando pues la juventud se encuentra cada vez más desorientada, con más problemas y, cada día, más graves.

Uno de ellos venía recogido anteayer en titulares de la primera página de un periódico de ámbito nacional: “Más de 600.000 menores se emborrachan al menos tres veces al mes”. Y en el desarrollo de la noticia venían entre otras “perlas” las siguientes: “Los niños empiezan a beber a los 13 años”; “Casi dos millones de menores se inician en el consumo de alcohol cada año”; “Un 79% de los jóvenes entre 14 y 18 años ha consumido alcohol en el último año, y un 65% de ellos lo ha hecho en el último mes”; “Algunos beben hasta emborracharse; otros fuman cannabis. Muchos mezclan dos o tres sustancias. Los adolescentes españoles están a la cabeza del policonsumo en la UE”; “En un estudio de la Fundación Alcohol y Sociedad se recoge que el 44% de los padres saben que sus hijos beben ... y que un 28% de los progenitores lo intuyen”. Unos datos absolutamente demoledores.

Dice el citado informe de la Fundación Alcohol y Sociedad sobre “Alcohol y Adolescencia” que “La falta de modelo educativo combinada con la estructura actual de la sociedad ... deja la educación de los hijos en manos del estado de ánimo y del deseo de encargarse de ella por parte de los padres. Esa ausencia de un modelo dificulta no sólo la educación de los hijos, sino la simple comunicación con ellos. La distancia entre el mundo de los padres y el de los hijos es tan grande, que los padres se ven impotentes para educar a sus hijos, y se desaniman porque no pueden hacer frente a las influencias externas. Sin un modelo educativo fuerte y coherente es difícil luchar contra la influencia de los amigos, la televisión, Internet, etc.”. Y es que los padres hemos dejado la educación de nuestros hijos en manos del colegio, de los amigos, de las empleadas de hogar, y sobre todo en manos de internet y de la televisión, alegando nuestra falta de tiempo y anteponiendo nuestro éxito personal y/o profesional a la educación de nuestros hijos.

Por si fuera poco, damos mal ejemplo a nuestros hijos, ya que hasta un tercio de los niños tienen su primera oferta de consumo de bebida alcohólica dentro del ambiente familiar y en multitud de hogares se consumen bebidas alcohólicas de forma habitual; por lo que, la normalización del consumo está inducida por el núcleo familiar y se transmite a los miembros de menor edad como práctica asociada a la vida adulta.

Simplemente, si analizáramos un poco los datos de los que disponemos y viéramos que un 80% de las muertes registradas entre adolescentes se deben a causas violentas y dentro de ellas las relacionadas con drogas o alcohol representan el 50%, existiendo un mayor porcentaje de suicidios en los adictos a estas sustancias; seríamos unos desalmados si no intentáramos poner remedio a la situación. En nuestras manos está puesto que sabemos qué es lo que hay que hacer y cuándo se debe hacer.

1 Comments:

Anonymous Rosario said...

Yo también había reparado en esta noticia y comparto lo que dices. Pero en cuanto a que los padres "saben lo que tienen que hacer", yo me pregunto ¿pero quieren hacerlo?. Me relaciono con parejas jóvenes con niños pequeños, e intento decirles que las bases se ponen desde que el niño nace, que no esperen a que tengan "algunos años más" que hay unos principios que deben saberlos y mamarlos, que esas edades son cruciales. Pues no: "Todavía es muy pequeño, apenas se entera, es tan graciosillo, pero mirale que pucheros, ya tendrá tiempo de sufrir..." ¿y luego? ¿y cuando llegan a los 10 años? demasiado tarde...
Menos mal que algunos me escuchan aunque solo sea por miedo, al comentarles noticias como la que tu hoy colgaste. Saludos

10/8/06 13:35  

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