07 septiembre, 2006

TENEMOS UN PROBLEMA ...


Burgos, hace apenas unas horas. Una treintena de jóvenes agredieron a una compañera de instituto, con piedras y patadas. Algunos días antes, la misma menor había sido agredida de igual manera por el citado grupo de cafres, entre los que se encontraban compañeros de su misma clase.

Mayo de 2005. Cristina Cuesta, una joven de 16 años de Elda (Alicante) murió al caer de un puente. Su familia había denunciado meses atrás que sufría acoso por parte de sus compañeras en el colegio (la llamaban “empollona” y la insultaban, la agredían y la amenazaban a todas horas, no sólo en las horas de clase). Al parecer, se trató de un suicidio "inducido" por jóvenes que estaban en ese momento allí presentes.

Septiembre de 2004. Jokin Ceberio, de 14 años, se suicidó en Fuenterrabía para no tener que seguir soportando las vejaciones, insultos y agresiones de sus compañeros.

Son sólo tres casos de lo que está sucediendo en España en los últimos años. Tres desgarradoras muestras de que la educación que están recibiendo nuestros hijos se nos escapa de las manos. Tres relatos cargados de tintes dramáticos que no hacen otra cosa que poner de manifiesto que hay algo en la sociedad que no funciona bien, cuando somos incapaces de transmitir a nuestros menores las más elementales normas de conducta.

Al parecer -y cada día queda más en evidencia- el problema del acoso escolar en España es más frecuente de lo que se quiere reconocer. Estos casos no son tan aislados como se querría aceptar por parte de padres, responsables políticos y educadores, que en muchas ocasiones saben con certeza lo que ocurre y no emplean los medios necesarios para acabar con el acoso. En algunos casos por la aplicación de políticas equivocadas, en otros por la falta de motivación del profesorado, pero siempre por un mal concepto de la libertad de los chicos y por un miedo a ser tachado de conservador o retrogrado.

Las raíces del acoso escolar en España son profundas y estos casos, por su gravedad, deberían ser motivo suficiente para que todo el mundo se ocupara con diligencia y rapidez de buscar soluciones a este tema. No se trata de sobredimensionar el problema, ni de crear alarmismos de ningún tipo, se trata de reflexionar acerca de las causas que han conducido a esta situación para así poder buscar soluciones. Es posible que entre dichas causas se encuentren el clima social que se vive en el país, el elevado número de casos de violencia doméstica, la existencia de altos porcentajes de mobbing laboral en el ámbito adulto, los efectos de la telebasura, la proliferación de juegos como el tristemente famoso “san andreas” en los que la agresividad y los métodos violentos están presentes, el elevado porcentaje de jóvenes y niños que están inmersos en la "cultura del botellón" potenciadora del consumo de alcohol y drogas, ..., pero no debemos olvidar que la primera y mayor causa de todas es el abandono de los padres de su obligación educadora de los hijos conforme a unos principios básicos de convivencia que antes se llamaban virtudes.

1 Comments:

Blogger La hormiguita said...

Estoy de acuerdo con la conclusión.
Saludos

7/9/06 15:20  

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