22 octubre, 2006

QUERIDO ALVARITO ...


Hoy era el día. Hoy, da igual a la hora que fuera, te habríamos tenido en brazos mamá y yo, al igual que hicimos en su día con Miriam, Luis, Alejandra y Loreto. Hoy hubiéramos estado igual de emocionados con tu nacimiento, como lo estuvimos con el de tus hermanos. Hubiéramos tenido esa misma sensación de alegría y de responsabilidad, que se siente cuando uno es padre primerizo. Porque, sabes, para nosotros no hubieras sido uno más de nuestros hijos, sino un hijo único entre todos los demás.

Recuerdo perfectamente cuando nos dijeron que mamá estaba embarazada de ti. Habíamos ido al doctor a otra revisión, y no te puedes imaginar las caras de mamá y mía. ¡Fíjate, el quinto y nos pusimos a llamar a toda la familia como si hubieras sido el primero! Y llegamos a casa, se lo contamos a tus hermanos y no sabes la fiesta que organizaron. Ahora ya sabes que eras muy deseado, porque Luis estaba solo entre tanta chica y a mamá y a mí nos gustaba que pudiera tener un hermanito para jugar con él. Y no es que no quisiera a sus hermanas, pero él quería un chicote para jugar al fútbol en casa. ¿Sabes? Está creciendo tan deprisa.

También recuerdo los días posteriores, casi uno a uno, en los que íbamos viendo como pasaban las fechas y lo pronto que iba a llegar el día en el que te tuviéramos con nosotros. Pensábamos un nombre para ti, cómo ibas a ser, cómo te íbamos a cuidar, ...

Lo que no podré olvidar es el día que supimos que nunca ibas a nacer, que te habías ido con Dios al cielo. Ya llevabas cinco meses en el vientre de mamá y fuimos a una revisión al ecógrafo. Se nos heló la sangre cuando vimos que tu pequeño corazón no latía y cuando la voz seria y apenada del doctor nos confirmó lo que no queríamos creer. Confieso que ese día me enfadé un poco con Dios. Me rebelé contra lo que había pasado porque no terminaba de aceptarlo. Hablaba con Él a todas horas y no paraba de repetirle que no comprendía cómo a nosotros que queríamos los hijos nos los quitaba, mientras que a quien no los quería se los daba. Ya sabes, las tonterías que hacemos los hombres que no somos capaces de aceptar la voluntad del Señor y que creemos que le podemos decir qué es lo que tiene que pasar y qué es lo que más nos conviene a nosotros.

Te fuiste al cielo, hijo, el Señor te llamó a su lado y te echamos mucho de menos. Mamá y yo nos hemos acordado con frecuencia de este día, y hasta tus hermanos, con lo pequeños que son te tienen siempre presente. Miriam y Luis te pintan a ti también cuando hacen un dibujo de la familia, y te ponen subido en una nube. Alejandra reza todas las noche pidiendo también por ti. Y Loreto es demasiado pequeña para hacer nada, pero creo que algo de cuenta sí se da. El otro día estaba viendo uno de los dibujos familiares de tus hermanos y la tenía a ella en brazos; cuando te miraba a ti subido en esa nube azul ella se acercó a mi mejilla y me dio un beso ... No se, a lo mejor son cosas que me imagino yo.

Querido Alvarito, ya estas en el cielo y lo que le pidas a Dios el no te lo negará. Cuida mucho de nosotros. Tanto como mamá y yo hubiéramos cuidado de ti.

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5 Comments:

Blogger Cristian said...

Querido Luis:
Mientras me corren las lágrimas por la cara, y que no pienso secar, te escribo para decirte que me ha llegado al alma este post tuyo. Te quiero compartir algo: a mis papás le pasó lo mismo que a uds.; mi hermano mayor (Andrés), también se lo llevó Dios cuando tenía casi un año de haber llegado a la vida terrena. Mi papá hace no mucho tiempo me contó que él se reveló contra Dios por eso. Pero sabes... pasaron los años, y luego nacimos dos de un viaje (Monica y yo). Mi papá sintió que Dios le devolvía al hijo que le había reclamado. Luego, yo entré al seminario... y mi hermana se hizo religiosa de la Obra de don Guanella (Hijas de Santa María de la Providencia). En esos hechos, mi papá me confesó que sentía nuevamente que Dios le pedía a dos de sus hijos, pero que esta vez su actitud era distinta: esta vez se los ofrecía con todo el corazón que un hombre puede hacerlo. Gracias por tu post, gracias por traer en esta tarde a mi mente a mi hermano, a mi familia... Dios te bendecirá por ser tan buen padre. Que Dios te guarde y bendiga a ti y tu familia siempre. Bendiciones.

22/10/06 23:40  
Blogger Danilo said...

Prezado Luis,

Tenho um filho adotado, que hoje completa seu primeiro ano de vida. Há três meses, o que era impossível para a ciência, nos foi dado por Deus: minha esposa ficou grávida ("se quedó embarazada", pienso que así se habla en español).

Foi grande a festa na família e entre os amigos. Pero, um mês mais tarde, o Senhor quis ter consigo ao nosso segundo filho.

Meus pensamentos foram os mesmos que os teus, especialmente porque já não levávamos em conta a esterilidade e até já havíamos adotado ao nosso queridíssimo João Paulo. Os caminhos de Deus são imprescrutáveis, e em breve nos abraçaremos todos no céu.

23/10/06 04:18  
Blogger MCar said...

Felicidades, porque tienes un hijo en el cielo.
Lo que voy a decir no es para consolarte, porque creo que no lo necesitas, lo hago para autoafirmarme a mi misma: a Dios no lo entendemos, porque seriamos como El; pero como Dios no puede hacer nada inutil, o sin sentido. A las personas, nos toca descubrir lo bueno que hay detras de cada acción de El, a veces es dificil, pero siempre se encuentra.
Gracias.

23/10/06 13:07  
Anonymous Rodríguez said...

Bueno, no se que decir, yo no he pasado por esa situación, tengo todos mis hijos sanos y salvos, a veces se me olvida dar gracias a Dios por ello, tu post me puede recordar las maravillas que se han hecho conmigo y agradecérselo a Dios.

25/10/06 10:22  
Blogger Jordi Molas said...

Gracias Luis por compartirlo. Pasé por una circunstancia idéntica a la tuya, y a menudo me olvido de ello... esa tozudez insana de no querer recordar lo que nos duele, pero que en el fondo encierra algo bueno.

No lo entendí en su momento -ni lo entiendo ahora- pero me fié -y me fío- de la promesa del Señor: como buen jardinero escoge la rosa en su mejor momento.

Lamento que de tanto en tanto mire de tejas para abajo y me olvide de lo que realmente pasó: Dios nos envió una caricia para anticiparnos que él -aún no tenía nombre decidido- tenía que estar a su lado. Como Alvarito.

Ahora, gracias a lo que has contado, me los imagino jugando juntos. Alegres. Muchísimo más alegres de lo que tu y, sobre todo, yo hubiéramos podido imaginar.

Gracias por recordármelo Luis.

30/10/06 13:41  

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