26 diciembre, 2010
24 diciembre, 2009
08 abril, 2007
EL TRIUNFO DE JESUCRISTO
“El día del triunfo del Señor, de su Resurrección es definitivo. ¿Dónde están los soldados que había puesto la autoridad? ¿Dónde están los sellos, que habían colocado sobre la piedra del sepulcro? ¿Dónde están los que condenaron al Maestro? ¿Dónde están los que crucificaron a Jesús?... Ante su victoria, se produce la gran huida de los pobres miserables. Llénate de esperanza: Jesucristo vence siempre". (San Josemaría Escrivá, Forja, 660)
Ayer, en la Vigilia Pascual, el Santo Padre Benedicto XVI dijo en su homilía “Éste es el júbilo de la Vigilia Pascual: nosotros somos liberados. Por medio de la resurrección de Jesús el amor se ha revelado más fuerte que la muerte, más fuerte que el mal. El amor lo ha hecho descender y, al mismo tiempo, es la fuerza con la que Él asciende. La fuerza por medio de la cual nos lleva consigo. Unidos con su amor, llevados sobre las alas del amor, como personas que aman, bajamos con Él a las tinieblas del mundo, sabiendo que precisamente así subimos también con Él. Pidamos, pues, en esta noche: Señor, demuestra también hoy que el amor es más fuerte que el odio. Que es más fuerte que la muerte. Baja también en las noches y a los infiernos de nuestro tiempo moderno y toma de la mano a los que esperan. ¡Llévalos a la luz! ¡Estate también conmigo en mis noches oscuras y llévame fuera! ¡Ayúdame, ayúdanos a bajar contigo a la oscuridad de quienes esperan, que claman hacia ti desde el vientre del infierno! ¡Ayúdanos a llevarles tu luz! ¡Ayúdanos a llegar al «sí» del amor, que nos hace bajar y precisamente así subir contigo! Amén”.
Hoy, en su tradicional mensaje transmitido al mundo, añadió “¡Hermanos y hermanas en la fe, que me escucháis desde todas partes de la tierra! Cristo resucitado está vivo entre nosotros, Él es la esperanza de un futuro mejor. Mientras decimos con Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!», resuena en nuestro corazón la palabra dulce pero comprometedora del Señor: «El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará»”. Y terminó su mensaje diciendo “también nosotros, unidos a Él, dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos, nos convertimos en apóstoles de paz, mensajeros de una alegría que no teme el dolor, la alegría de la Resurrección. Que María, Madre de Cristo resucitado, nos obtenga este don pascual”.
Yo sólo puedo añadir, amigo lector, mi deseo particular para ti: ¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!!.
Ayer, en la Vigilia Pascual, el Santo Padre Benedicto XVI dijo en su homilía “Éste es el júbilo de la Vigilia Pascual: nosotros somos liberados. Por medio de la resurrección de Jesús el amor se ha revelado más fuerte que la muerte, más fuerte que el mal. El amor lo ha hecho descender y, al mismo tiempo, es la fuerza con la que Él asciende. La fuerza por medio de la cual nos lleva consigo. Unidos con su amor, llevados sobre las alas del amor, como personas que aman, bajamos con Él a las tinieblas del mundo, sabiendo que precisamente así subimos también con Él. Pidamos, pues, en esta noche: Señor, demuestra también hoy que el amor es más fuerte que el odio. Que es más fuerte que la muerte. Baja también en las noches y a los infiernos de nuestro tiempo moderno y toma de la mano a los que esperan. ¡Llévalos a la luz! ¡Estate también conmigo en mis noches oscuras y llévame fuera! ¡Ayúdame, ayúdanos a bajar contigo a la oscuridad de quienes esperan, que claman hacia ti desde el vientre del infierno! ¡Ayúdanos a llevarles tu luz! ¡Ayúdanos a llegar al «sí» del amor, que nos hace bajar y precisamente así subir contigo! Amén”.
Hoy, en su tradicional mensaje transmitido al mundo, añadió “¡Hermanos y hermanas en la fe, que me escucháis desde todas partes de la tierra! Cristo resucitado está vivo entre nosotros, Él es la esperanza de un futuro mejor. Mientras decimos con Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!», resuena en nuestro corazón la palabra dulce pero comprometedora del Señor: «El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará»”. Y terminó su mensaje diciendo “también nosotros, unidos a Él, dispuestos a dar la vida por nuestros hermanos, nos convertimos en apóstoles de paz, mensajeros de una alegría que no teme el dolor, la alegría de la Resurrección. Que María, Madre de Cristo resucitado, nos obtenga este don pascual”.
Yo sólo puedo añadir, amigo lector, mi deseo particular para ti: ¡¡¡Feliz Pascua de Resurrección!!!.
Etiquetas: Benedicto XVI, fe, religión
22 octubre, 2006
QUERIDO ALVARITO ...

Hoy era el día. Hoy, da igual a la hora que fuera, te habríamos tenido en brazos mamá y yo, al igual que hicimos en su día con Miriam, Luis, Alejandra y Loreto. Hoy hubiéramos estado igual de emocionados con tu nacimiento, como lo estuvimos con el de tus hermanos. Hubiéramos tenido esa misma sensación de alegría y de responsabilidad, que se siente cuando uno es padre primerizo. Porque, sabes, para nosotros no hubieras sido uno más de nuestros hijos, sino un hijo único entre todos los demás.
Recuerdo perfectamente cuando nos dijeron que mamá estaba embarazada de ti. Habíamos ido al doctor a otra revisión, y no te puedes imaginar las caras de mamá y mía. ¡Fíjate, el quinto y nos pusimos a llamar a toda la familia como si hubieras sido el primero! Y llegamos a casa, se lo contamos a tus hermanos y no sabes la fiesta que organizaron. Ahora ya sabes que eras muy deseado, porque Luis estaba solo entre tanta chica y a mamá y a mí nos gustaba que pudiera tener un hermanito para jugar con él. Y no es que no quisiera a sus hermanas, pero él quería un chicote para jugar al fútbol en casa. ¿Sabes? Está creciendo tan deprisa.
También recuerdo los días posteriores, casi uno a uno, en los que íbamos viendo como pasaban las fechas y lo pronto que iba a llegar el día en el que te tuviéramos con nosotros. Pensábamos un nombre para ti, cómo ibas a ser, cómo te íbamos a cuidar, ...
Lo que no podré olvidar es el día que supimos que nunca ibas a nacer, que te habías ido con Dios al cielo. Ya llevabas cinco meses en el vientre de mamá y fuimos a una revisión al ecógrafo. Se nos heló la sangre cuando vimos que tu pequeño corazón no latía y cuando la voz seria y apenada del doctor nos confirmó lo que no queríamos creer. Confieso que ese día me enfadé un poco con Dios. Me rebelé contra lo que había pasado porque no terminaba de aceptarlo. Hablaba con Él a todas horas y no paraba de repetirle que no comprendía cómo a nosotros que queríamos los hijos nos los quitaba, mientras que a quien no los quería se los daba. Ya sabes, las tonterías que hacemos los hombres que no somos capaces de aceptar la voluntad del Señor y que creemos que le podemos decir qué es lo que tiene que pasar y qué es lo que más nos conviene a nosotros.
Te fuiste al cielo, hijo, el Señor te llamó a su lado y te echamos mucho de menos. Mamá y yo nos hemos acordado con frecuencia de este día, y hasta tus hermanos, con lo pequeños que son te tienen siempre presente. Miriam y Luis te pintan a ti también cuando hacen un dibujo de la familia, y te ponen subido en una nube. Alejandra reza todas las noche pidiendo también por ti. Y Loreto es demasiado pequeña para hacer nada, pero creo que algo de cuenta sí se da. El otro día estaba viendo uno de los dibujos familiares de tus hermanos y la tenía a ella en brazos; cuando te miraba a ti subido en esa nube azul ella se acercó a mi mejilla y me dio un beso ... No se, a lo mejor son cosas que me imagino yo.
Querido Alvarito, ya estas en el cielo y lo que le pidas a Dios el no te lo negará. Cuida mucho de nosotros. Tanto como mamá y yo hubiéramos cuidado de ti.
Recuerdo perfectamente cuando nos dijeron que mamá estaba embarazada de ti. Habíamos ido al doctor a otra revisión, y no te puedes imaginar las caras de mamá y mía. ¡Fíjate, el quinto y nos pusimos a llamar a toda la familia como si hubieras sido el primero! Y llegamos a casa, se lo contamos a tus hermanos y no sabes la fiesta que organizaron. Ahora ya sabes que eras muy deseado, porque Luis estaba solo entre tanta chica y a mamá y a mí nos gustaba que pudiera tener un hermanito para jugar con él. Y no es que no quisiera a sus hermanas, pero él quería un chicote para jugar al fútbol en casa. ¿Sabes? Está creciendo tan deprisa.
También recuerdo los días posteriores, casi uno a uno, en los que íbamos viendo como pasaban las fechas y lo pronto que iba a llegar el día en el que te tuviéramos con nosotros. Pensábamos un nombre para ti, cómo ibas a ser, cómo te íbamos a cuidar, ...
Lo que no podré olvidar es el día que supimos que nunca ibas a nacer, que te habías ido con Dios al cielo. Ya llevabas cinco meses en el vientre de mamá y fuimos a una revisión al ecógrafo. Se nos heló la sangre cuando vimos que tu pequeño corazón no latía y cuando la voz seria y apenada del doctor nos confirmó lo que no queríamos creer. Confieso que ese día me enfadé un poco con Dios. Me rebelé contra lo que había pasado porque no terminaba de aceptarlo. Hablaba con Él a todas horas y no paraba de repetirle que no comprendía cómo a nosotros que queríamos los hijos nos los quitaba, mientras que a quien no los quería se los daba. Ya sabes, las tonterías que hacemos los hombres que no somos capaces de aceptar la voluntad del Señor y que creemos que le podemos decir qué es lo que tiene que pasar y qué es lo que más nos conviene a nosotros.
Te fuiste al cielo, hijo, el Señor te llamó a su lado y te echamos mucho de menos. Mamá y yo nos hemos acordado con frecuencia de este día, y hasta tus hermanos, con lo pequeños que son te tienen siempre presente. Miriam y Luis te pintan a ti también cuando hacen un dibujo de la familia, y te ponen subido en una nube. Alejandra reza todas las noche pidiendo también por ti. Y Loreto es demasiado pequeña para hacer nada, pero creo que algo de cuenta sí se da. El otro día estaba viendo uno de los dibujos familiares de tus hermanos y la tenía a ella en brazos; cuando te miraba a ti subido en esa nube azul ella se acercó a mi mejilla y me dio un beso ... No se, a lo mejor son cosas que me imagino yo.
Querido Alvarito, ya estas en el cielo y lo que le pidas a Dios el no te lo negará. Cuida mucho de nosotros. Tanto como mamá y yo hubiéramos cuidado de ti.
10 julio, 2006
EL VALOR DE UN PADRE

Acaba de terminar el viaje del Papa Benedicto XVI España y todavía resuenan en mis oídos todas y cada una de las cosas que ha venido a "enseñarnos", repitiéndolas con un lenguaje claro y sencillo, como hace un padre con un hijo al que siente que puede perder por las nocivas influencias de las que está rodeado.
El Papa, aprovechando el V Encuentro Mundial del las Familias, nos ha venido a recordar todas aquellas cosas que ya sabíamos pero que, debido a la machacona propaganda de los enemigos de la fe, teníamos el temor de empezar a olvidarlas. Y las ha dicho delante de aquellos que más enconadamente han trabajado en contra de la familia, del matrimonio, de los derechos de los no nacidos, ...; y de aquellos otros que, pese a ocupar los más altos puestos de representación, con su silencio se hacen cómplices de las tremendas barbaridades que día a día se comenten en todos los rincones de nuestro país.
Al igual que durante el pontificado del queridísimo e inolvidable Juan Pablo II, una voz fuerte, cargada de las razones que dan la certeza de transmitir la verdad, ha vuelto a gritar a los cuatro vientos que la institución familiar está plenamente vigente; que es la célula básica de la sociedad; que está fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer; que es el ámbito en donde el ser humano puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de modo integral; que es en su seno en donde los padres tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio de su libertad moral en su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados; ..., y por si fuera poco, nos recordó que no se puede prescindir de Dios porque es el garante de la verdadera libertad, y porque en el origen de todo ser humano no existe el azar o la casualidad, sino un proyecto de su infinito Amor.
Benedicto XVI ahora, y antes Juan Pablo II, nos han mostrado el valor de un padre en la fe al transmitirnos la tranquilidad necesaria para afrontar los problemas que nos puedan surgir en esta sociedad en la que parece que vamos a contracorriente.
Etiquetas: Benedicto XVI, educación, familia, fe, matrimonio, padre





























