06 abril, 2007

DE MAYOR, FUNCIONARIO


El pasado diciembre escribía en este blog un artículo titulado El relativismo moral, y en el mismo, una de las cosas que decía era que “... desgraciadamente, muchos jóvenes hoy encuentran fascinante este modo de vivir, que solamente les obliga a pensar en el presente, en el día a día, sin más horizontes que lo que vaya a pasar en el futuro más cercano; porque la recompensa es inmediata y no requiere ningún esfuerzo especial. Quizá esta situación ha sido provocada por una vida frecuentemente marcada por la incomunicación, por la falta de diálogo en familia, por las dificultades en el colegio o en el trabajo. O quizá sólo sea la falta de educación en el esfuerzo y en el afán de superación ...”. Un hecho ciertamente preocupante, ya que lo que parecía que se estaba implantando en nuestra sociedad era la ley del mínimo esfuerzo. Tan solo cuatro meses después una noticia publicada en un diario nacional, referida a una encuesta del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, recogía el hecho de que “más del 65% de los jóvenes universitarios españoles prefiere ser trabajador público a tener un contrato fijo en una empresa”, y venía a poner de manifiesto que ésta es una consecuencia directa de la falta de responsabilidad en la educación de los hijos.

Personalmente, no tengo nada en contra de los funcionarios, ya que -entre otras muchas cosas- prestan un servicio público de “intermediación” entre el estado y los ciudadanos. Sin embargo, en nuestro país tradicionalmente se ha asociado la idea de ser funcionario con un puesto de trabajo de por vida, con un horario fijo y sin horas extras, del que no te pueden despedir, en el que no te evalúan la productividad, en el que asciendes no por méritos sino por antigüedad y en el que hagas lo que hagas siempre vas a cobrar el mismo salario (vamos, lo que se dice un chollo). Quizá sea por eso por lo que es tan atractivo para ese elevado porcentaje de estudiantes universitarios ser funcionario, pero no debemos olvidarnos de que seguro que ha influido en una gran medida la deficiente educación que los padres estamos dando a nuestros hijos y la dejación de funciones en dicha tarea que cada día hacemos y que es asumida por la televisión, los amigos, la sociedad consumista y el marketing agresivo orientado hacia el “carpe diem”.

Prescindiendo de los temas relacionados con la productividad y la competitividad de nuestra economía -que, a buen seguro, se van a ver afectados de forma negativa-, lo que está en juego es la felicidad futura de nuestros hijos, ya que sólo valorarán aquello que consigan con esfuerzo y podrán disfrutarlo en la medida en que les haya costado conseguirlo. Es cuestión de ponerse manos a la obra y trabajar sin descanso en su educación.

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1 Comments:

Blogger t.i.n.a. said...

AAAAAAHHHH!!!!! cómo te encuentro razón, el problema es que los padres de hoy también fueron educados con casi las mismas reglas del mínimo esfuerzo, entonces tenemos que esperar un tiempo bastante largo para que todo esto pase y volvamos a lo nuestro... y eso que España ya viene de vuelta, comparado con Chile que estamos en medio del huracán ( divorcio, aborto, etc.)
Bueno pero hay que confiar el Dios y en que " todo es para bien"
Feliz Pascua de Resurrección!!!

8/4/07 05:46  

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