19 enero, 2008

QUIEN SIEMBRA VIENTOS ...


Estaba claro. Como no podía ser de otra manera, después de que el Gobierno irrumpiera en el escándalo de los abortos (que por suerte para el estado de derecho ha llevado a la cárcel al mayor trasgresor de la fatídica ley que despenaliza el asesinato infantil en tres supuestos) y mostrara su apoyo a las clínicas abortistas, tocaba que las feministas entraran en acción para repetir un nuevo episodio del “marketing del mal”. Y es que al día siguiente de que la Vicepresidenta del Gobierno y los Ministros de Sanidad y Justicia hicieran declaraciones a favor de una ampliación de la despenalización del aborto apoyando expresamente a las clínicas que los realizan, quince mujeres se han inculpado por haber abortado, en su día, fuera de los supuestos que permite la ley. Se trata de un pulso que estas mujeres le están echando al gobierno, el cual además está dejándose ganar sin que le importe que se vea.

En un caso así, en el que alguien reconoce la comisión de un delito, la fiscalía de cualquier país medianamente civilizado actuaría de oficio. Sin embargo, en nuestra querida España no lo hará puesto que dichas mujeres son la disculpa que estaba buscando el Gobierno para volver a abrir el debate sobre la cuestión de la “Ley de plazos para el aborto”. Es decir, la disculpa para despenalizar el que cualquier mujer pueda abortar hasta las 15 semanas (casi cuatro meses de embarazo) sin tener que acogerse a ningún supuesto, o lo que es lo mismo, el aborto libre.

Al Gobierno, este debate le viene de perlas porque así se desvía la atención de los verdaderos problemas que tiene el país a las puertas de una consulta electoral, quizá la más importante -por lo que está en juego- de la historia. A las feministas tampoco les cae mal el asunto, pues está en la línea de “conseguir más derechos para la mujer” (como si el tener un hijo o matarlo fuera un derecho inherente a las féminas). A los enemigos de la familia también les resultará bien esta cuestión, pues es un paso más en la implantación del relativismo moral tan buscado para poder conseguir sus objetivos de poder sin la oposición de conciencias más o menos formadas. Y al resto, ..., que mas da que nos parezca una animalada si al final la ley se aprobará, previo bombardeo mediático, y nadie se atreverá a cambiarla en el futuro bajo pena de que le llamen retrógrado.

¡Pero a quien se le ocurre poner en el gobierno a pirómanos para apagar incendios!

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03 octubre, 2007

EL PROBLEMA DE LA FALTA DE TIEMPO


Nos quejamos, con razón, de que nuestros gobernantes no hagan más que aprobar leyes que van en contra de la familia. Protestamos cada vez que uno de esos ataques logra sus objetivos de minar las bases en las que se sustenta la institución familiar. Nos horrorizamos al comprobar cómo las estadísticas refrendan una crisis en los valores familiares provocada por agentes externos perfectamente estructurados. Y por último alzamos la voz y salimos a la calle cuando ya no queda más remedio que actuar -que siempre, dicho sea de paso, es demasiado tarde-. Pero nunca somos capaces de detectar las causas por las cuales un pequeño embate de los enemigos de la familia hace que se resientan los cimientos y se ponga en peligro toda la estructura. Y es que una de ellas es la manida disculpa de la falta de tiempo para atender nuestras obligaciones familiares.

Cada día es más común escuchar a los padres cosas como “me gustaría estar más tiempo al día con mis hijos, pero me es imposible”, “daría lo que fuera por poder estar más cerca de mi mujer, pero no tengo tiempo”, “si pudiera estaría más tiempo en casa haciendo todo lo que está pendiente”, “no tengo tiempo ni para mí”, y otras por el estilo. Y no se puede negar que en el mundo que nos ha tocado vivir las dificultades van en aumento y que
conciliar la vida laboral y familiar en este momento es una tarea ardua. Pero el problema no radica ahí sino en algo más profundo como es la escala de valores que uno tiene y la preponderancia que le da a las cosas.

No conozco a nadie que, un día tras otro, se queje de la falta de tiempo para comer hasta llegar a la inanición; y son realmente pocos los que tienen una afición y nunca encuentran un minuto de tiempo para dedicárselo. Porque, realmente, cuando uno quiere algo y considera que es prioritario, siempre encuentra tiempo para hacerlo. Sin embargo, no nos percatamos de que nuestra familia, nuestra mujer o nuestro marido y nuestros hijos, son algo vital que están esperando defraudados a que aprendamos a dedicarles un poco de tiempo solamente para ellos, sin tenerlo que compartir con periódicos, televisiones o trabajo.

Si somos capaces de ordenar nuestra vida y, por tanto, nuestras prioridades estaremos empezando a poner solución a tan alarmante incremento del número de matrimonios rotos y, por supuesto, también a otros problemas como el fracaso escolar o la violencia juvenil. Merece la pena intentarlo. En casa nos lo agradecerán.

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13 abril, 2007

PROYECTO LIFE LINCE


Llevamos una larga temporada recibiendo casi a diario noticias -tanto en prensa, como en radio y en televisión- sobre los esfuerzos que, desde hace varios años, están realizando diferentes administraciones públicas españolas y europeas en la recuperación del lince ibérico, el felino más amenazado del mundo. Estos esfuerzos se han materializado en el Proyecto LIFE_lince, de "Recuperación de las poblaciones de Lince Ibérico (Lynx pardinus) en Andalucía" que fue aprobado el 2 de julio de 2002 por la Comisión Europea, con un periodo de validez de 4 años y una inversión total de 9.285.000 euros. Y como consecuencia del mismo se ha conseguido que en 2005 y 2006 nacieran en cautividad tres y seis cachorros en uno y tres partos, respectivamente, de los que finalmente han logrado sobrevivir seis ejemplares. Esto significa que, en el plazo de vigencia del Proyecto, cada uno de los cachorros nacidos en cautividad ha costado la friolera de 1.547.500 euros (si, han leído bien, más de millón y medio de euros por cabeza).

El 12 de febrero pasado, escribía en
un artículo que la Fundación Vida había conseguido en 2006 evitar 322 abortos con un presupuesto muy pequeño y mediante el apoyo de empresas, instituciones privadas y donativos de particulares. No me llego a imaginar cuantas vidas podrían salvar al año, cuantos psicólogos podrían contratar, cuantos puestos de trabajo nuevos para esas madres podrían crear, cuantos pisos de acogida podrían sumarse a los que ya existen o cuantas plazas de guardería se podrían ofrecer para cuando nacieran esos niños si contaran con un presupuesto como el del “Proyecto LIFE lince”.

Decía en una ocasión Ernest Hemingway que "la mayor parte de los defensores a ultranza de los derechos de los animales son capaces de hacer el mayor daño al ser humano". Y los hechos le han dado la razón, aunque en este caso no sea por acción, sino por omisión. Seguro que pasarán a la historia por la gran proeza de haber salvado una especie en peligro de extinción, pero sobre sus conciencias caerá el peso de haberlo logrado con fondos necesarios para salvar vidas humanas.

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06 abril, 2007

DE MAYOR, FUNCIONARIO


El pasado diciembre escribía en este blog un artículo titulado El relativismo moral, y en el mismo, una de las cosas que decía era que “... desgraciadamente, muchos jóvenes hoy encuentran fascinante este modo de vivir, que solamente les obliga a pensar en el presente, en el día a día, sin más horizontes que lo que vaya a pasar en el futuro más cercano; porque la recompensa es inmediata y no requiere ningún esfuerzo especial. Quizá esta situación ha sido provocada por una vida frecuentemente marcada por la incomunicación, por la falta de diálogo en familia, por las dificultades en el colegio o en el trabajo. O quizá sólo sea la falta de educación en el esfuerzo y en el afán de superación ...”. Un hecho ciertamente preocupante, ya que lo que parecía que se estaba implantando en nuestra sociedad era la ley del mínimo esfuerzo. Tan solo cuatro meses después una noticia publicada en un diario nacional, referida a una encuesta del Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, recogía el hecho de que “más del 65% de los jóvenes universitarios españoles prefiere ser trabajador público a tener un contrato fijo en una empresa”, y venía a poner de manifiesto que ésta es una consecuencia directa de la falta de responsabilidad en la educación de los hijos.

Personalmente, no tengo nada en contra de los funcionarios, ya que -entre otras muchas cosas- prestan un servicio público de “intermediación” entre el estado y los ciudadanos. Sin embargo, en nuestro país tradicionalmente se ha asociado la idea de ser funcionario con un puesto de trabajo de por vida, con un horario fijo y sin horas extras, del que no te pueden despedir, en el que no te evalúan la productividad, en el que asciendes no por méritos sino por antigüedad y en el que hagas lo que hagas siempre vas a cobrar el mismo salario (vamos, lo que se dice un chollo). Quizá sea por eso por lo que es tan atractivo para ese elevado porcentaje de estudiantes universitarios ser funcionario, pero no debemos olvidarnos de que seguro que ha influido en una gran medida la deficiente educación que los padres estamos dando a nuestros hijos y la dejación de funciones en dicha tarea que cada día hacemos y que es asumida por la televisión, los amigos, la sociedad consumista y el marketing agresivo orientado hacia el “carpe diem”.

Prescindiendo de los temas relacionados con la productividad y la competitividad de nuestra economía -que, a buen seguro, se van a ver afectados de forma negativa-, lo que está en juego es la felicidad futura de nuestros hijos, ya que sólo valorarán aquello que consigan con esfuerzo y podrán disfrutarlo en la medida en que les haya costado conseguirlo. Es cuestión de ponerse manos a la obra y trabajar sin descanso en su educación.

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04 febrero, 2007

EL APLAUSO PRESTADO


Estos días he vuelto a leer una de las obras de teatro cumbres del barroco, “La vida es sueño”, escrita por Calderón de la Barca en 1635. Y, como las veces anteriores que la he leído, me he detenido en la escena XIX en la que se produce el monólogo de Segismundo en la prisión (Sueña el rey que es rey, y vive / con este engaño mandando, / disponiendo y gobernando; / y este aplauso, que recibe / prestado, en el viento escribe, / y en cenizas le convierte / la muerte (¡desdicha fuerte!); / ¡que hay quien intente reinar, / viendo que ha de despertar / en el sueño de la muerte!), porque aunque hayan pasado casi cuatrocientos años desde que fuera escrita, lo que se recoge allí sigue estando de actualidad. ¡Y ahora más que nunca!

Nos encontramos en un instante de la historia en el que el ser humano se siente Dios. Ha avanzado tanto en el conocimiento de las diferentes ciencias que cree que puede disponer de los demás a su antojo para conseguir sus objetivos de fama, poder y gloria. Así es capaz de asesinar a un indefenso si éste es el resultado de un rato de placer y su venida al mundo le va a privar de “su” libertad. Es capaz de incumplir los compromisos, libremente adquiridos, de romper las promesas de amor y fidelidad con su pareja, si eso le proporciona mayor satisfacción. Es capaz de huir ante la adversidad producida por una enfermedad hasta llegar a provocarse la muerte mediante el “suicido asistido”. Es capaz de jugar a “crear vida” a partir de la selección y manipulación genética de embriones, aunque para ello tenga que destruir otras muchas vidas. Es capaz de hacer un mal bajo el pretexto de conseguir un bien a la hora de intentar curar graves enfermedades. Es capaz de anteponer la actitud egoísta de su propia comodidad al interés y compromiso en la educación de los hijos. Es capaz de sacrificar el bien por la paz, lo que es justo por lo que no le da problemas. Es capaz de ... cometer los mayores horrores y de caer en los mayores errores por alcanzar notoriedad y tener influencia, por conseguir su “minuto de gloria”.

Sin embargo, lo que este modelo de hombre no ha tenido en cuenta es que aquello que “en el viento escribe”, la fama, el poder, la gloria y todos los demás accidentes que nos afectan en esta vida son pasajeros, no permanecen, es el “aplauso prestado” que algún día hemos de devolver dando cuentas del mismo a nuestro fiador.

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10 enero, 2007

LA VIDA RESUELTA

“Mi hijo nació en el momento justo, cuando ya tenía la vida resuelta, cuando ya había viajado por todo el mundo, había hecho todo aquello que quería hacer en la vida y sabía lo que quería”. Suena un poco egoísta ¿verdad?. Sin embargo es un fiel reflejo del pensamiento que cada día va ganando más adeptos en la sociedad. Se trata de un extracto de la entevista realizada a una madre de 50 años que relata como fue su experiencia en la maternidad tardía. Y es que no es nuevo el que, con el acceso a cotas de mayor bienestar, otra de las consecuencias que se dan es el retraso de la edad con las que las mujeres tienen su primer hijo. Sin ir más lejos, en España la media de edad de la maternidad se sitúa hoy en 31 años, mientras que a finales de los noventa se encontraba en los 29.

Pero lo que es más significativo es el incremento que se ha experimentando en el número de niños concebidos por mujeres de entre 40 y 50 ó más años. En apenas dos años se ha pasado de 10.067 nacimientos a 14.896, lo que supone un aumento del 48% (el 70% en madres con edades entre los 46 y los 50 ó más años). E incluso hace unos días hemos conocido el caso de una
mujer de 67 años (primeriza) que ha dado a luz gemelos.

Prescindiendo de los mayores riesgos que se sufren en el embarazo a esas edades, existen una serie de desventajas que desaconsejan esta práctica tales como: la menor energía que tienen las madres para criar a un bebé; la tendencia a malcriar a los hijos (más propia de abuelas que de madres) dándoles todos los caprichos por ser “niños joya”; la sobreprotección que se tiene hacia ellos por ser niños muy deseados; o la tendencia a dar en exceso afectividad y cariño, lo cual puede ahogar la iniciativa del niño y obstaculizar su evolución. Pero sin duda el hecho más determinante para que al menos las mujeres se piensen la maternidad tardía es que cuando los hijos estén en edad de casarse, tendrán que cuidarlas a ellas que para entonces serán octogenarias. Eso, si los hijos no aplican el mismo criterio del párrafo inicial y mandan a sus madres a un asilo.

¡Son los riesgos de seguir la corriente egoísta que impera en la sociedad!

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05 enero, 2007

LA VICTORIA DEL EGOISMO


En el artículo anterior decía que “El continuo avance en conquistas sociales y en mejoras del nivel de vida han traído consigo una disminución desmesurada de la capacidad de sacrificio”. Hoy, una vez analizados los datos que el Ministerio de Sanidad facilita en su informe, me quiero reafirmar en la apreciación inicial pero haciendo un especial hincapié en el trasfondo que se vislumbra en dichos datos: el egoísmo de la sociedad en la que vivimos. Según la
Nota de Prensa del Ministerio que resume el informe enviado a las Comunidades Autónomas, el perfil de la mujer que aborta en España es el de una “soltera, de entre 20 y 30 años, con un nivel de educación de segundo grado (bachillerato), asalariada, sin hijos, que no ha tenido abortos anteriores, con un embarazo de menos de 12 semanas de gestación y que, por riesgo materno, aborta en un centro extrahospitalario privado”.

Si observamos las cifras que sustentan esta definición descubrimos, entre otras cosas, que: en el 96,68% de los abortos el motivo ha sido la salud materna (el 99,52% en menores de 20 años), frente al 3% que alegaron riesgo para el feto y el 0,1% porque eran fruto de una violación; el 64,41% de los abortos se practicaron a mujeres menores de 29 años (12.883 abortos practicados a menores de 20 años); más del 70% de las mujeres que abortaron (alrededor de 65.000) lo hicieron por primera vez; el 65,84% eran mujeres solteras; el 62% de los abortos se realizó en las primeras 8 semanas de embarazo; y el 97,09% de los abortos se hicieron en centros privados.

A la vista de estos resultados me vienen a la cabeza muchas preguntas. ¿Es posible que alguien sostenga que el aborto no es un negocio si sólo algo menos del 3% se realiza en la sanidad pública? ¿Se puede creer que en pleno siglo XXI el 20% de los embarazos que se producen en España pueden provocar riesgos en la salud de las futuras madres? Y con los antecedentes de mujeres solteras, menores de 29 años, asalariadas, que abortan por primera vez, que lo hacen en clínicas privadas y en las 8 primeras semanas de gestación ¿podemos creer que las campañas de prevención del embarazo no deseado del Ministerio de Sanidad han sido acertadas? ¿no será que las campañas de reparto de preservativos y de la “píldora del día después” han surtido el efecto contrario, provocando que se vea el aborto como un medio más de planificación familiar?

Por el momento, mientras se siga actuando de esta manera, el egoísmo seguirá ganando la batalla contra la vida. Esa vida que en España se apaga cada 5 minutos, el tiempo que pasa entre dos abortos.

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03 enero, 2007

AUTO-GENOCIDIO SILENCIOSO


Que la sociedad occidental está en decadencia es un hecho indiscutible. A la crisis de valores en que se encuentra sumida desde hace tiempo, se ha añadido la creciente ola de relativismo y de lasitud moral. El continuo avance en conquistas sociales y en mejoras del nivel de vida han traído consigo una disminución desmesurada de la capacidad de sacrificio. Y esto se ha traducido en que cada año que pasa el desprecio a la vida humana se hace más patente mientras se reclaman mayores derechos para el mundo animal (no creo que sea necesario recordar las campañas en contra de la caza del zorro o de las corridas de toros, por poner algún ejemplo). El más claro exponente de lo que digo son las dos noticias aparecidas el día siguiente al de los Santos Inocentes en dos periódicos nacionales:
Los abortos aumentaron un 7,86% en 2005 y España supera ya el millón de abortos desde su despenalización hace 20 años. Los escalofriantes datos que se aportan en ambas noticias son los ofrecidos por el Ministerio de Sanidad en su informe sobre el aborto en España durante 2005 -y no reflejan los datos del año pasado que no se harán públicos hasta finales de 2007, aunque se sabe ya que la tendencia ha sido al alza-.

Todavía tenemos frescas en nuestras retinas las imágenes del genocidio de Rwanda en el cual se calcula que hubo alrededor de 800.000 muertos; y si acudimos a las hemerotecas podemos ver los casos de Sudán, Armenia o Etiopía, entre otros, con cifras de muertos aproximadas de 400.000, 300.000 y 3.000 respectivamente. Todos estos casos han movilizado a miles de personas en todo el mundo abogando por el fin de situaciones tan brutales. Sin embargo, a día de hoy, salvo tímidas voces de personas anónimas o de asociaciones con -desgraciadamente- poco peso no existe ningún clamor contra el mayor “auto-genocidio” de la historia perpetrado por el hombre: el aborto.

Sólo hay un hecho que puede hacer despertar a nuestra sociedad de este letargo en el que se encuentra. Y es el que se refiere a que en la actualidad, casi de forma generalizada, los cuatro abuelos de una familia sólo tienen un nieto, el cual -en muy poco tiempo, si Dios no lo remedia- deberá pagar, sin ayuda de nadie, las pensiones de sus antecesores. Qué triste que este vaya a ser el motivo ¿verdad?

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05 diciembre, 2006

EL RELATIVISMO MORAL

Quizá no nos damos cuenta, o quizá es que la forma de actuar es tan sibilina que no nos permite ser totalmente conscientes de los peligros que corre la familia en unos momentos en los que en la sociedad se ha implantado el relativismo moral; la filosofía de vida en la que todo vale y en la cual las normas de moralidad -que aparentemente eran aceptadas por todo el mundo- pueden ser adaptadas a las actuaciones de cada uno de nosotros en función de lo que nos interese en un momento determinado.

Y es que el mensaje del “haz lo que quieras”, ha calado hasta la misma raíz de la familia. Bajo la idea de vivir una vida sin reglas que no hace mal a nadie, se ha ido transmitiendo poco a poco el pensamiento de que el hombre es autosuficiente y que puede ponerse en lugar de Dios y jugar a ser Él, o vivir bajo la enseña del propio placer sin que esto afecte a los demás. Ciertamente, una filosofía de vida egoísta, que en el fondo sólo busca el anular a la propia persona, invitándola a replegarse sobre sí misma y a no creer en nada más que en el hecho de que “la vida es una jungla en la que los más fuertes triunfan sobre los más débiles”.

Desgraciadamente, muchos jóvenes hoy encuentran fascinante este modo de vivir, que solamente les obliga a pensar en el presente, en el día a día, sin más horizontes que lo que vaya a pasar en el futuro más inmediato; porque la recompensa es inmediata y no requiere ningún esfuerzo especial.

Quizá esta situación ha sido provocada por una vida frecuentemente marcada por la incomunicación, por la falta de diálogo en familia, por las dificultades en el colegio o en el trabajo. O quizá sólo sea la falta de educación en el esfuerzo y en el afán de superación. Lo que sí es seguro es que no se trata de una situación irreversible. Se puede desterrar de nuestra sociedad el relativismo moral de una manera sencilla. En casa, enseñando a nuestros hijos a tener un mayor sentido crítico, ayudándoles a reflexionar, a entender y a saber elegir entre la satisfacción momentánea producida por el placer y la satisfacción permanente conseguida a través del sacrificio. En el mundo laboral y en el de la educación impartiendo formación sobre deontología y ética profesional y empresarial.

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22 noviembre, 2006

EL “BUENISMO”


De un tiempo a esta parte se ha ido implantando en la sociedad de los países avanzados una nueva cultura basada en sucedáneos de conceptos tales como PAZ, AMOR, TOLERANCIA, RESPETO, CONCORDIA, ..., todos ellos muy loables en sus fines, pero aplicados de una forma que no está en consonancia con el significado que quieren transmitir. Me refiero al “BUENISMO”, una manera de vida que, desde el sentimiento, busca transmitir la idea de que el hombre sólo debe rendir cuentas de su forma de actuar ante la sociedad y ante la historia. Esta ideología trae consigo, como dijo recientemente el nuncio de Su Santidad en España, monseñor Manuel Monteiro de Castro, “consecuencias desastrosas” y recalcó que “la historia del Antiguo, del Nuevo Testamento, así como la de estos últimos siglos y la de nuestros días, nos muestra las barbaridades cometidas teniendo como base una ética sin referencia a Dios".

Nos preocupamos, pero sólo durante el tiempo que duran las noticias en la televisión, de la patera que llega a nuestras costas cargada de inmigrantes exhaustos; lloramos por los muertos en actos de terrorismo, pero únicamente el día en el que ocurre la desgracia; ponemos a Dios en “solfa” por permitir que sucedan catástrofes como los tsunamis o los terremotos, sin embargo en apenas cuarenta y ocho horas hemos vuelto a “la normalidad”. Aplaudimos en los funerales al difunto (creo yo que siguiendo una fea costumbre), acompañamos en el sentimiento a cantantes y folclóricas, sufrimos con las “desgracias” que les suceden a personajes de la “jet”, ..., pero nos olvidamos de lo más básico como es la dignidad propia de cada hombre, la vida humana como valor fundamental y el valor de la identidad característica de todo ser humano. Estamos sacando a Dios de nuestras vidas, amoldando sus enseñanzas a nuestros intereses, interpretando su palabra a nuestro libre albedrío y quedándonos sólo con aquellas cosas del Evangelio que no nos cuestan sacrificio. En esta tesitura, ¿cómo vamos a transmitir a nuestros hijos una verdadera educación basada en valores y virtudes? ¿qué nos responderán cuando vean la incoherencia que existe entre lo que les enseñamos y lo que luego hacemos? ¿cómo actuarán ellos el día de mañana cuando afronten las obligaciones y responsabilidades de crear una familia?

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27 octubre, 2006

OCHO HERMANOS ...


Acabo de leer en un blog del diario digital periodistadigital.com un artículo titulado Ocho_hermanos_salvadores a propósito de la noticia aparecida estos días atrás en varios medios de comunicación en la que se informa de que “Sanidad ha dado luz verde a las ocho primeras parejas españolas que podrán concebir un hijo sano, previa selección de embriones”. Pasando por alto la descalificación que el anónimo escritor hace de los que opinamos distinto, hay tres argumentos que me han llamado poderosamente la atención por lo pueriles que son.

Dice el autor que “esta práctica en concreto no acarrearía ningún daño a los niños concebidos con este fin y, más bien al contrario, sería un procedimiento único para salvar la vida de otro pequeño, de su hermano”. Y se olvida en su “fino análisis” de explicarnos cuál es el daño que van a sufrir los niños que, concebidos por este método y en su estado embrionario, van a ser desechados por no ser compatibles con el objetivo de cumplir con la misión de salvar a su hermano vivo. ¿Acaso se puede afirmar que no acarrea ningún daño la muerte de ocho, diez, o más embriones -que no dejan de ser vidas humanas- que se crean y destruyen para intentar salvar otra vida?

Dice también que “es una medida que contribuirá a salvar muchas vidas que, de otra forma, estarían condenadas a desaparecer”. Y yo le digo que por cada vida que se intente salvar -que no se tiene la certeza de que se vaya a conseguir, porque para eso hace falta que el trasplante de células del cordón umbilical sea efectivo- se están condenando a la muerte a otras muchas que no van a tener la posibilidad de ver la luz del día, no por enfermedades, sino por el criterio arbitrario de unos pocos que juegan a ser Dios.

Pero el remate es la afirmación de que se trata de “una situación que no sólo está amparada por la ley, sino que tiene algo más fuerte a su favor: el sentido común y la bondad de sus fines”. Creo recordar que los asesinatos de judíos en el Holocausto nazi también fueron precedidos de leyes que amparaban la atroz persecución, lo que demuestra que una cobertura legal no garantiza la moralidad de lo aprobado. Pero además, no creo que sea de mucho sentido común segar una decena o más de vidas para salvar una sola, por más importante que sea esta última. Y ni que decir tiene que el argumento de la “bondad de los fines” se cae por su propio peso ya que por esa regla de tres, si matáramos a todos los terroristas, asesinos y violadores, que encontráramos estaríamos haciendo un favor enorme a la sociedad. A esa sociedad que abomina de la pena de muerte en aras de una defensa a ultranza de la vida, pero que se olvida de este principio cuando la que tiene que proteger es la de los mas indefensos y desvalidos. ¡Qué enorme contradicción!

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13 octubre, 2006

TESTIMONIO REAL


“Al final, los niños serán las víctimas reales y los perdedores del matrimonio legal del mismo sexo. ¿Qué esperanza puedo ofrecer a niños inocentes sin voz? Gobiernos y jueces deben defender el matrimonio entre hombre y mujer y excluir todos los otros, por el bien de nuestros niños”. La autora de estas palabras es Dawn Stefanovicz, una mujer de algo más de 40 años, casada desde hace 20 y madre de dos hijos, que vive en Ontario, Canadá. Hasta aquí nada de especial, ya que podría ser un testimonio más de una madre preocupada por la degradación de la sociedad. Sin embargo no es así. Se trata de un testimonio real contado en primera persona por alguien que ha sufrido las heridas de haber crecido en un “hogar homosexual en los años 60 y 70 en Toronto, expuesta a muchas personas distintas de la subcultura GLBT (gay, lesbiana, bisexual, transexual) y a prácticas sexuales explícitas”. Un testimonio desgarrador contado con todo lujo de detalles en su página web http://www.dawnstefanowicz.com/. Un testimonio que recoge cosas muy duras, cosas como estas:

“Desde corta edad, se me expuso a charlas sexualmente explícitas, estilos de vida hedonistas, subculturas GLBT y lugares de vacaciones gay (...) manifestaciones de sexualidad de todo tipo incluyendo sexo en casas de baño, travestismo, sodomía, pornografía, nudismo gay, lesbianismo, bisexualidad, voyeurismo y exhibicionismo. Se aludía al sadomasoquismo y se mostraban algunos aspectos. Las drogas y el alcohol a menudo contribuían a bajar las inhibiciones en las relaciones de mi padre.

Más de dos décadas de exposición directa a estas experiencias estresantes me causaron inseguridad, depresión, pensamientos suicidas, miedo, ansiedad, baja autoestima, insomnio y confusión sexual. Mi conciencia y mi inocencia fueron seriamente dañados. Fui testigo de que todos los otros miembros de la familia también sufrían.

Hasta que no llegué a los 20 y 30 años, hasta después de hacer las elecciones importantes de vida, no empecé a darme cuenta de cómo me había afectado crecer en este ambiente. Mi sanación implicó mirar de frente la realidad, aceptar las consecuencias a largo plazo y ofrecer perdón. ¿Podéis imaginar ser forzados a aceptar relaciones inestables y prácticas sexuales diversas desde corta edad y cómo afectó a mi desarrollo? Mi identidad de género, bienestar psicológico, relaciones con iguales quedaron afectadas. Desgraciadamente, hasta que mi padre, sus parejas sexuales y mi madre murieron, no pude hablar públicamente de mis experiencias.”

Y después de esto, ¿puede quedar alguien en su sano juicio y mantener que la adopción por homosexuales no implica ningún riesgo y que no se les hace ningún daño a los niños que viven en ese ambiente?

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