26 diciembre, 2010
24 diciembre, 2009
23 diciembre, 2008
FELIZ NAVIDAD 2008
"Luego que los ángeles se apartaron de ellos hacia el cielo, los pastores se decían unos a otros: Vayamos hasta Belén, y veamos este hecho que acaba de suceder y que el Señor nos ha manifestado. Y vinieron presurosos, y encontraron a María y a José y al Niño reclinado en el pesebre. Al verlo, reconocieron las cosas que les habían sido anunciadas acerca de este niño. Y todos los que escucharon se maravillaron de cuanto los pastores les habían dicho. María guardaba todas estas cosas ponderándolas en su corazón."
(Lc 2, 15-20)
¡FELIZ NAVIDAD!
24 diciembre, 2007
FELIZ NAVIDAD
AAAAAA
AAAAA
"Nolite timere; ecce enim evangelizo vobis gaudium magnum, quod erit omni pópulo, quia natus et vobis hodie Salvator, qui est Christus Dóminus, in civitate David. Et hoc vobis signum: invenietis infantem pannis involutum et pósitum in praesepio"
(Lc 2, 10-13)
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Ante la imagen de la "Santísima Virgen María con el Niño y un Ángel" de Hong-Kong, os deseo una muy santa y feliz Navidad. Ojalá seamos capaces de vivir siempre el Nacimiento del Niño Jesús en nuestras familias con la ilusión de los niños. Que Dios hecho hombre nos ayude a ser mejores cada día.
¡¡¡ FELIZ NAVIDAD!!!
24 diciembre, 2006
EL MISTERIO MÁS GRANDE DE LA HUMANIDAD
Lux fulgebit hodie super nos, quia natus est nobis Dominus, hoy brillará la luz sobre nosotros, porque nos ha nacido el Señor. Es el gran anuncio que conmueve en este día a los cristianos y que, a través de ellos, se dirige a la Humanidad entera. Dios está aquí. Esa verdad debe llenar nuestras vidas: cada navidad ha de ser para nosotros un nuevo especial encuentro con Dios, dejando que su luz y su gracia entren hasta el fondo de nuestra alma. (San Josemaría Escrivá. Es Cristo que pasa, 12).
Nuevamente estamos a las puertas de celebrar la Navidad, una fiesta que desde hace muchísimo tiempo ha calado tan hondamente en nuestra sociedad que es capaz de unir las mejores intenciones y deseos de buena voluntad de creyentes y no creyentes. En estos días, todo el mundo habla de paz, de alegría, de felicidad, de solidaridad y de fraternidad universal entre los hombres, pero estos nobles sentimientos no se corresponden con el verdadero significado que tiene la fiesta cristiana que se rememora: el nacimiento del Niño Jesús en Belén.
Muchos padres cristianos, preocupados por el devenir de los acontecimientos nos preguntamos cómo es posible vivir de verdad la Navidad en este mundo en el que todo se reduce a tener y a dar gusto a los sentidos. Y para ello nada mejor que tener presente lo que decía un obispo español hace ya algunos años: que la Navidad “consiste en enterarse, en pensar hasta que brote en nuestro interior la emoción del asombro y de la gratitud”, que “hay que comenzar por acercarse espiritualmente al Portal de Belén, y allí arrodillarnos junto a la Cuna del Niño, adorarle, darle gracias, recibirlo en nuestros brazos y en nuestro corazón con la misma reverencia y la misma ternura de la Virgen María”, y sintiendo al mismo tiempo “el asombro y la gratitud y la alegría desbordada por este emparentamiento asombroso con Dios que es el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre en las entrañas de María santísima”.
A pocas horas de ese grandísimo misterio, recuperemos el ambiente religioso de la Navidad del Señor, y hagámoslo en el mejor sitio en el que se puede pensar: en el seno de nuestras familias. Vivamos esta Navidad en compañía de los nuestros, alejados del consumismo frenético y del relativismo moral que nos invade y que nos impide ver que, un año más, se renueva el misterio que cambió la condición de nuestra humanidad y por el cual pasamos a ser hijos de Dios. Su familia en la tierra.
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!
Nuevamente estamos a las puertas de celebrar la Navidad, una fiesta que desde hace muchísimo tiempo ha calado tan hondamente en nuestra sociedad que es capaz de unir las mejores intenciones y deseos de buena voluntad de creyentes y no creyentes. En estos días, todo el mundo habla de paz, de alegría, de felicidad, de solidaridad y de fraternidad universal entre los hombres, pero estos nobles sentimientos no se corresponden con el verdadero significado que tiene la fiesta cristiana que se rememora: el nacimiento del Niño Jesús en Belén.
Muchos padres cristianos, preocupados por el devenir de los acontecimientos nos preguntamos cómo es posible vivir de verdad la Navidad en este mundo en el que todo se reduce a tener y a dar gusto a los sentidos. Y para ello nada mejor que tener presente lo que decía un obispo español hace ya algunos años: que la Navidad “consiste en enterarse, en pensar hasta que brote en nuestro interior la emoción del asombro y de la gratitud”, que “hay que comenzar por acercarse espiritualmente al Portal de Belén, y allí arrodillarnos junto a la Cuna del Niño, adorarle, darle gracias, recibirlo en nuestros brazos y en nuestro corazón con la misma reverencia y la misma ternura de la Virgen María”, y sintiendo al mismo tiempo “el asombro y la gratitud y la alegría desbordada por este emparentamiento asombroso con Dios que es el nacimiento del Hijo de Dios hecho hombre en las entrañas de María santísima”.
A pocas horas de ese grandísimo misterio, recuperemos el ambiente religioso de la Navidad del Señor, y hagámoslo en el mejor sitio en el que se puede pensar: en el seno de nuestras familias. Vivamos esta Navidad en compañía de los nuestros, alejados del consumismo frenético y del relativismo moral que nos invade y que nos impide ver que, un año más, se renueva el misterio que cambió la condición de nuestra humanidad y por el cual pasamos a ser hijos de Dios. Su familia en la tierra.
¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!




























