16 agosto, 2007

ME DESPIDO POR UNOS DÍAS


Ha llegado el momento de disfrutar de las tan ansiadas vacaciones, y este año de manera especial. Se acercan días grises y hay que “cargar las pilas” para poder aguantar el tirón. Por eso, durante los próximos quince días sólo voy a tener tiempo para mi familia, para disfrutar de mi mujer y de cada uno de mis hijos. Como dice mi gran amigo Aníbal Cuevas (el más audaz entre los audaces) “Las vacaciones son un tiempo ideal para afianzar los lazos familiares dedicando tiempo a los demás disfrutando juntos. Me parece una buena idea tomar nota de un par de propósitos o tres para disfrutar y mejorar la vida de familia. Uno de ellos puede ser hacer aquello que más le gusta a nuestro cónyuge y a nuestros hijos. Dedicar tiempo a escucharles y hablar con cada uno”. Y como hasta ahora ha acertado siempre en todos los consejos que me ha dado, voy a seguir haciéndole caso y voy a ponerlo en práctica (reconozco también que en algún momento del día -menos tiempo del que me gustaría- estaré tumbado como el de la imagen que acompaña este artículo, por aquello de fomentar “el valor terapéutico de la quietud”).

Hasta septiembre, si Dios quiere.

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