27 septiembre, 2007

SENTIDO COMUN

Muchas veces me he preguntado de dónde le viene al ser humano la capacidad para complicar las cosas, para hacer difícil lo que realmente es fácil. Y reconozco que no sabría dar una respuesta que fuera coherente, quizá porque soy consciente que también yo contribuyo a esa confusión o quizá porque es algo que está tan “a la orden del día” que es difícil tener una perspectiva de su alcance cuando uno lo está viviendo. Por eso, cuando aparece un testimonio de alguien que aplica el sentido común para explicar lo obvio sin tener que recurrir al discurso empalagoso, ni a las frases grandilocuentes que las más de las veces no dejan de ser sino expresiones huecas, se da cuenta de que vive en un mundo en el que no se hace nada más que complicar, enredar, embrollar, confundir, enmarañar, liar, intrincar, enrarecer y dificultar cualquier cosa en aras de que se entienda mejor.

Traigo esto a colación porque mi buen amigo Javier M.-M., extraordinario padre de familia numerosa preocupado por la formación de sus hijos, me ha enviado un correo electrónico en el que me invita a ver
un video de una charla sobre educación. Se trata de la intervención de D. Emilio Calatayud Pérez, Juez de Menores de Granada, en la V Tertulia del Consejo Escolar de La Comunidad de Madrid titulada "Familia y Escuela ante la Prevención de Conductas de Riesgo".

Comienza explicando la situación actual de las relaciones familiares diciendo entre otras cosas que “hay que llamar a las cosas por su nombre”, que “se es menor de edad hasta los 18 años, para lo bueno y para lo malo”, que la “Constitución, el estado democrático de derecho y las leyes ... han dado a los menores muchos derechos” mientras que los
artículos 154 y 155 del Código Civil “se han derogado socialmente”, aunque están en vigor; y que “el pertenecer a una familia no es «jauja»”, pues uno tiene sus derechos pero también tiene sus deberes.

Continúa enumerando las causas que han conducido a esta situación diciendo que “hemos evolucionado mucho, en muy poco espacio de tiempo”, pasando de ser padres autoritarios a ser colegas y amigos de nuestros hijos en una situación social en la que “hay que dialogar, hay que razonar y hay que argumentar” todo. Se les ha quitado la autoridad a los maestros y se les ha hecho ver a los alumnos que todos somos iguales. Se ha permitido que haya niños fuera del colegio en horario escolar, dejándolos desprotegidos ante la delincuencia y fomentando el fracaso escolar.

Por último, aporta soluciones para los padres (“tienen que apoyar a los centros escolares” y además, “tienen que ejercer de padres”) poniendo de manifiesto la importancia que tiene en la actualidad la formación para ser padres; para los colegios, poniendo medios para solucionar conflictos; para la sociedad, a la que le pide que abandone la hipocresía; y para el Legislador, al que demanda normas coherentes que pongan fin a la banalización y al todo vale que impera en nuestros días. Termina pidiendo un compromiso social y una ausencia de complejos para decir que no cuando sea necesario “sabiendo distinguir entre un no de protección y un no autoritario”.

Toda una lección magistral de sentido común en apenas veinte minutos.

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10 julio, 2006

EL VALOR DE UN PADRE


Acaba de terminar el viaje del Papa Benedicto XVI España y todavía resuenan en mis oídos todas y cada una de las cosas que ha venido a "enseñarnos", repitiéndolas con un lenguaje claro y sencillo, como hace un padre con un hijo al que siente que puede perder por las nocivas influencias de las que está rodeado.

El Papa, aprovechando el V Encuentro Mundial del las Familias, nos ha venido a recordar todas aquellas cosas que ya sabíamos pero que, debido a la machacona propaganda de los enemigos de la fe, teníamos el temor de empezar a olvidarlas. Y las ha dicho delante de aquellos que más enconadamente han trabajado en contra de la familia, del matrimonio, de los derechos de los no nacidos, ...; y de aquellos otros que, pese a ocupar los más altos puestos de representación, con su silencio se hacen cómplices de las tremendas barbaridades que día a día se comenten en todos los rincones de nuestro país.

Al igual que durante el pontificado del queridísimo e inolvidable Juan Pablo II, una voz fuerte, cargada de las razones que dan la certeza de transmitir la verdad, ha vuelto a gritar a los cuatro vientos que la institución familiar está plenamente vigente; que es la célula básica de la sociedad; que está fundada en el matrimonio indisoluble entre un hombre y una mujer; que es el ámbito en donde el ser humano puede nacer con dignidad, crecer y desarrollarse de modo integral; que es en su seno en donde los padres tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos en el descubrimiento de su identidad, iniciarlos en la vida social, en el ejercicio de su libertad moral en su capacidad de amar a través de la experiencia de ser amados; ..., y por si fuera poco, nos recordó que no se puede prescindir de Dios porque es el garante de la verdadera libertad, y porque en el origen de todo ser humano no existe el azar o la casualidad, sino un proyecto de su infinito Amor.

Benedicto XVI ahora, y antes Juan Pablo II, nos han mostrado el valor de un padre en la fe al transmitirnos la tranquilidad necesaria para afrontar los problemas que nos puedan surgir en esta sociedad en la que parece que vamos a contracorriente.

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