
Hace unos días, concretamente el 12 de julio pasado, escribía en el post “El arte de educar” que en el tema de la educación ya está todo inventado. Venía esto a colación por el hecho de que, en la actualidad, muchos padres estamos preocupados por la educación de nuestros hijos, al comprobar la cantidad de estímulos externos que ellos reciben cada día y que en la mayoría de las ocasiones van en contra de los principios que queremos transmitirles. Pensamos que en estas condiciones es mucho más difícil educar a los hijos que lo fue para nuestros padres. Sin embargo, esto no es así. Ayer, navegando en internet en busca de nuevos temas para este blog descubrí el siguiente texto:
“Los padres son los principales educadores de sus hijos, tanto en lo humano como en lo sobrenatural, y han de sentir la responsabilidad de esa misión, que exige de ellos comprensión, prudencia, saber enseñar y, sobre todo, saber querer; y poner empeño en dar buen ejemplo. No es camino acertado, para la educación, la imposición autoritaria y violenta. El ideal de los padres se concreta más bien en llegar a ser amigos de sus hijos: amigos a los que se confían las inquietudes, con quienes se consultan los problemas, de los que se espera una ayuda eficaz y amable.
Es necesario que los padres encuentren tiempo para estar con sus hijos y hablar con ellos. Los hijos son lo más importante: más importante que los negocios, que el trabajo, que el descanso. En esas conversaciones conviene escucharles con atención, esforzarse por comprenderlos, saber reconocer la parte de verdad -o la verdad entera- que pueda haber en algunas de sus rebeldías. Y, al mismo tiempo, ayudarles a encauzar rectamente sus afanes e ilusiones, enseñarles a considerar las cosas y a razonar; no imponerles una conducta, sino mostrarles los motivos, sobrenaturales y humanos, que la aconsejan. En una palabra, respetar su libertad, ya que no hay verdadera educación sin responsabilidad personal, ni responsabilidad sin libertad.
Los padres educan fundamentalmente con su conducta. Lo que los hijos y las hijas buscan en su padre o en su madre no son sólo unos conocimientos más amplios que los suyos o unos consejos más o menos acertados, sino algo de mayor categoría: un testimonio del valor y del sentido de la vida encarnado en una existencia concreta, confirmado en las diversas circunstancias y situaciones que se suceden a lo largo de los años.”
Se trata de un fragmento de una homilía pronunciada en Navidad de 1970 por San Josemaría, en la que se muestra la afirmación de que todo está inventado. ¡Pero es que además funciona!
Creo que sobra cualquier otro comentario.
Etiquetas: educación, ejemplo, familia, respeto, responsabilidad