SACRIFICAR EL BIEN POR LA PAZ

Si no fuera por el tremendo dolor que ha causado el terrorismo a miles de familias de nuestro país (sin olvidar a todas aquellas otras que han sufrido el zarpazo del terror en cualquier parte del planeta), nunca hubiera hablado en este blog de temas que tienen que ver con la política. Pero es que llevamos un periodo de tiempo, ya demasiado largo, asistiendo a un “sin sentido” en el que los buenos son tratados como malos, mientras que los malos son enaltecidos hasta convertirlos artificiosamente en buenos. En esto, como ha dicho Teresa Jiménez Becerril, hermana del concejal asesinado por ETA junto a su esposa en Sevilla hace algunos años, se nota la “degradación moral” que “se está extendiendo” por la sociedad española.
Ayer, el estado de derecho fue puesto en la tesitura de tener que decidir si un asesino, que no solo no se ha arrepentido de los numerosos crímenes que ha cometido sino que ha alardeado públicamente de su cobarde logro, debería recibir la medida de gracia de ser puesto en libertad -o cuando menos en arresto domiciliario- debido a su “preocupante estado de salud” producido por un acto voluntario suyo y no como consecuencia de una enfermedad sobrevenida. Afortunadamente se ha impuesto la cordura y el sanguinario personaje deberá pasar aún una larga temporada entre rejas. Pero reconozco que la situación en sí misma me ha dejado una profunda desazón. ¿El motivo? Saber que se ha estado a un paso de sentar el precedente de sucumbir al chantaje, pagando el mal cometido con el premio de la libertad; esa libertad que con sus actos de barbarie ese asesino sesgó a todas y cada una de sus víctimas. Pero también me ha dejado una sensación de amargura el comprobar que nuestra sociedad, que tanto ha sufrido la lacra del terrorismo, se encuentra dividida, y que existe un grupo de corifeos que tratan de confundir a la opinión pública -a aquella que se manifestó en toda España tras el cruel asesinato de Miguel Angel Blanco- utilizando argumentos de humanitarismo cuando no son de aplicación en este caso.
Hace algún tiempo una persona me enseñó que no se puede nunca “sacrificar el bien por la paz”, que no vale hacer cualquier cosa con el único fin de tener la ansiada paz. Porque además de no conseguirla, se sentaría el precedente de que lo que se desee se alcanza mediante el chantaje. Salvando las distancias es como si para que hubiera paz en una familia se premiara al hijo que hubiera hecho una cosa mala. ¿Se imaginan lo que pensaría el muchacho?
Etiquetas: chantaje, paz, terrorismo