12 enero, 2008

¡QUE INSOLIDARIOS!


¡Qué falta de solidaridad! ¡Qué poco sentido corporativo! ¡Cómo es posible que por una causa tan justa no se haya producido un apoyo total, un sentimiento de unidad sin fisuras, una actuación al unísono! Parece mentira, pero es así. Basta que exista un sustancioso negocio de por medio, del que prácticamente no hay que dar cuenta a nadie, para que cada uno actúe a su manera. ¡Cómo echo de menos la actuación de los “piquetes informativos” que los sindicatos envían a los centros de trabajo en jornadas de huelga general! Y no entiendo porqué en esta ocasión se mantienen tan callados cuando hay montones de “esquiroles” que siguen, “erre que erre”, dispuestos a estar con las puertas abiertas.

... ¡Ah! ¿qué no saben a qué me refiero?, no se preocupen que ahora les explico. Se trata de
la noticia publicada hace unos días, según la cual una serie de clínicas abortistas, 32 centros de toda España para ser exactos, se han declarado en huelga durante una semana. Durante este tiempo, estas clínicas no practicarán abortos, por lo que se estima que alrededor de 2.000 niños dejarán de ser masacrados en este tiempo. Y hasta aquí las buenas noticias, que como todo lo bueno tiene un final, y que dan paso a las malas noticias.

La primera de estas es que, por desgracia, esa huelga no ha sido secundada por el 100% de las clínicas abortistas, con lo que el sufrimiento de algunos niños (que han tenido la mala suerte de ser engendrados en lugares donde la huelga no tiene seguimiento) no va a poder ser evitado.

La segunda, que el paro sólo va a ser de una semana, por lo que al cabo de ese tiempo volverá a funcionar la “maquinaria del terror” como si nada hubiera pasado, y para algunos de esos 2.000 “afortunados” esto sólo va a suponer un retraso en el cruel fin que les espera.

Y la última, que en la protesta, estos centros han contado con la comprensión y ayuda de una parte de nuestros gobernantes (en Madrid, la Delegada del Gobierno; y en Cataluña, la Consejera de Sanidad).

¡Lo que daría yo porque las clínicas abortistas públicas y privadas anunciaran hoy una huelga indefinida , por ejemplo hasta que los hombres pudieran quedarse embarazados! ¡Ah, y sin que ninguna discrepara!

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02 diciembre, 2007

HOY, NACER EN ESPAÑA, ES UN POCO MÁS FÁCIL


Confieso que hace algo más de un año, cuando escribí este artículo, estaba convencido de que, a pesar de la gravedad del caso, no iba a suceder nada, y que en cuanto los ecos del escándalo se hubieran apagado en los medios de comunicación apenas unos pocos nos acordaríamos de las atrocidades que un delincuente sin escrúpulos estaba cometiendo bajo el amparo legal (no legítimo) de una serie de “clínicas ginecológicas”. Confieso que no tenía ninguna confianza en que prosperaran las querellas interpuestas contra el entramado de empresas de Carlos Morín, el dueño de las citadas “clínicas”. Confieso que era bastante escéptico ante las medidas que pudiera tomar la Consejería de Sanidad del gobierno catalán para frenar los desmanes cometidos por Morín y sus sicarios, por compartir los políticos de aquella, la ideología liberalizadora del aborto enfundada en la bandera de la “progresía”. Confieso también que la única esperanza que tenía se basaba en el hecho de que se había presentado una denuncia ante el Colegio de Médicos de Barcelona y pensaba que prosperaría, dando lugar a la apertura de un expediente a Morín y compañía que le pondría las cosas más difíciles para hacerse multimillonario asesinando seres indefensos.

Y sin embargo hoy debo reconocer que estaba equivocado, a pesar de haber acertado en algunas de mis premoniciones: la justicia parece que sí ha funcionado, y por lo pronto, la juez de Instrucción número 33 de Barcelona ha decretado
prisión provisional sin fianza para el “doctor” (por llamarlo de alguna manera) Morín por múltiples delitos de aborto y otros de asociación ilícita, intrusismo y falsedad documental.

No obstante, como no todo puede ser perfecto, quedan dos “flecos” en este asunto que ponen los pelos de punta. Se trata, como recoge
la noticia publicada en el diario El Mundo, de la actuación del Departamento de Salud de la Generalidad de Cataluña y del Colegio Oficial de Médicos de Barcelona. Ambas entidades abrieron expedientes informativos los cuales no terminaron en expedientes sancionadores porque en el caso del Departamento de Salud “las interrupciones voluntarias del embarazo que se llevaban a cabo se ajustaban a la ley y que los centros disponían de autorización para ejercer”, mientras que el Colegio de Médicos concluyó que "no se vulneró ningún código deontológico ni ningún precepto legal". A la vista de la actuación de la Justicia, ¿nadie en esos dos organismos tiene nada que decir? ¿quién va a asumir responsabilidades?

En fin, quedémonos con lo positivo de este caso. A partir de hoy nacer en España va a ser un poco más fácil para muchos niños de 6, 7 y 8 meses de gestación. Y espero que Morín lo vea y piense en ello en las largas horas que confío que pase en prisión purgando sus innumerables delitos de asesinato.

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18 septiembre, 2007

CREANDO “GALLIFANTES”


Se consumó la amenaza contra el sentido común. Después de varios meses de anuncios y desmentidos y de varios debates no exentos de polémica, el gobierno del Reino Unido ha claudicado ante las presiones de una parte de los médicos, de algunos científicos y de asociaciones representantes de enfermos de diabetes, párkinson o alzhéimer, y ha dado su visto bueno a la investigación con embriones híbridos “humano-animal”. Y es que la historia se repite una y otra vez para que volvamos a asistir perplejos a un nuevo episodio de la lucha del hombre por llegar a ser Dios.

Siempre se hace de la misma manera... Poniendo como pantalla la necesidad de investigar para mejorar los beneficios que están sin explotar en algún campo de la ciencia (que curiosamente siempre es el de la bioética), primero se vulnera “un poco” la ley, lo suficiente como para generar un debate sobre la conveniencia de modificarla. Luego, durante un tiempo determinado, se hace una campaña mediática en la que se presentan los “enormes” beneficios que se conseguirán si se reforma la ley. A continuación se busca un “caso lacrimógeno” que será expuesto a “bombo y platillo” en todos los medios de comunicación y al mismo tiempo se ataca y denigra a quien se le ocurra disentir. Por último se minimizan los “daños colaterales” ocultándolos o haciendo ver que en su tratamiento se han seguido escrupulosamente unas pautas que evitan su manejo indiscriminado. Es la misma historia que ya vimos en
El marketing del mal, solo que esta vez se ha ido demasiado lejos, al haber roto todas las barreras de la ética, traspasando la frontera del cruce de distintas especies que hasta la fecha estaba prohibida en el campo de la biotecnología.

Parece ser que uno de los mayores impulsores de esta aberración ha sido Ian Wilmut, responsable del equipo que clonó a la oveja Dolly, quien no ha escarmentado aún de su experimento anterior que terminó con una muerte acelerada del desgraciadamente famoso animal debido a los tumores que se propagaron por su cuerpo. Es muy probable que ahora quiera hacerse famoso de nuevo anunciando la creación de un
“Gallifante”, pero en el fondo lo que quiere es seguir matando seres humanos (esta vez, según sus propias afirmaciones, embriones humanos al 99%) sin “el impedimento de la escasez de óvulos humanos que existe actualmente” ya que “sólo (¿?)” hay los que se descartan en los tratamientos de fertilidad.

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17 mayo, 2007

HACER NEGOCIO CON LA MUERTE


«Basándome en mi experiencia con una modalidad similar de paganismo extremo, puedo predecir que habrá empresarios que montarán pequeños y discretos sanatorios para aquellos que deseen morir o hayan sido persuadidos o coaccionados o engañados por los médicos (...). Pero eso no será más que la primera fase. Cuando los tanatorios prosperen y se expandan, formando cadenas de clínicas y redes de concesionarios, los economistas tomarán el mando, y recortarán gastos y costes corrientes a medida que aumente la competencia. En su versión final, los tanatorios -reorganizados, eficientes y económicamente intachables- se parecerán más que a ninguna otra cosa a las fábricas de producción en serie en que se han convertido las clínicas abortistas, y -en una fase posterior- a los hornos de Auschwitz».

Quien hace estas tremendas afirmaciones es el Doctor Bernard Nathanson en su libro “The Hand of God. A Journey from Death to Life by the Abortion Doctor Who Changed His Mind”, una autobiografía del considerado durante muchos años “rey del aborto” (durante el tiempo en el que fue activista de esa causa, participó en unos 75.000 abortos), que posteriormente llegó a ser uno de los más destacados defensores de la vida. Sus palabras no reflejan ninguna utopía y ni siquiera tienen un atisbo de exageración, pues ponen de manifiesto la cruda realidad de lo que está sucediendo en el mundo: la falta de escrúpulos de algunos para hacer negocio con la muerte.

Nathanson ofrece todo un recital de datos como fruto de su conversión a la causa pro-vida, todas ellas extrapolables al caso de la eutanasia. Pero quizá la más llamativa de todas es la que se refiere a la cuestión económica. Contestándose al porqué los médicos, conocedores de la evidencia de que la vida comienza en el momento de la concepción, siguen practicando abortos Nathanson dice: “Cuestión de aritmética: a 300 dólares cada uno, un millón quinientos cincuenta mil abortos en los Estados Unidos, implican una industria que produce 500 millones de dólares anualmente. De los cuales, la mayor parte van a los bolsillos de los Doctores que practican el aborto”.

Esta es la triste verdad, se hace negocio con la muerte en el inicio de la vida y se está preparando el camino para hacer negocio con la muerte en el final de la existencia. ¿Cuál será la próxima sorpresa que nos depararán aquellos que por el juramento hipocrático se comprometen a defender la vida?

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05 enero, 2007

LA VICTORIA DEL EGOISMO


En el artículo anterior decía que “El continuo avance en conquistas sociales y en mejoras del nivel de vida han traído consigo una disminución desmesurada de la capacidad de sacrificio”. Hoy, una vez analizados los datos que el Ministerio de Sanidad facilita en su informe, me quiero reafirmar en la apreciación inicial pero haciendo un especial hincapié en el trasfondo que se vislumbra en dichos datos: el egoísmo de la sociedad en la que vivimos. Según la
Nota de Prensa del Ministerio que resume el informe enviado a las Comunidades Autónomas, el perfil de la mujer que aborta en España es el de una “soltera, de entre 20 y 30 años, con un nivel de educación de segundo grado (bachillerato), asalariada, sin hijos, que no ha tenido abortos anteriores, con un embarazo de menos de 12 semanas de gestación y que, por riesgo materno, aborta en un centro extrahospitalario privado”.

Si observamos las cifras que sustentan esta definición descubrimos, entre otras cosas, que: en el 96,68% de los abortos el motivo ha sido la salud materna (el 99,52% en menores de 20 años), frente al 3% que alegaron riesgo para el feto y el 0,1% porque eran fruto de una violación; el 64,41% de los abortos se practicaron a mujeres menores de 29 años (12.883 abortos practicados a menores de 20 años); más del 70% de las mujeres que abortaron (alrededor de 65.000) lo hicieron por primera vez; el 65,84% eran mujeres solteras; el 62% de los abortos se realizó en las primeras 8 semanas de embarazo; y el 97,09% de los abortos se hicieron en centros privados.

A la vista de estos resultados me vienen a la cabeza muchas preguntas. ¿Es posible que alguien sostenga que el aborto no es un negocio si sólo algo menos del 3% se realiza en la sanidad pública? ¿Se puede creer que en pleno siglo XXI el 20% de los embarazos que se producen en España pueden provocar riesgos en la salud de las futuras madres? Y con los antecedentes de mujeres solteras, menores de 29 años, asalariadas, que abortan por primera vez, que lo hacen en clínicas privadas y en las 8 primeras semanas de gestación ¿podemos creer que las campañas de prevención del embarazo no deseado del Ministerio de Sanidad han sido acertadas? ¿no será que las campañas de reparto de preservativos y de la “píldora del día después” han surtido el efecto contrario, provocando que se vea el aborto como un medio más de planificación familiar?

Por el momento, mientras se siga actuando de esta manera, el egoísmo seguirá ganando la batalla contra la vida. Esa vida que en España se apaga cada 5 minutos, el tiempo que pasa entre dos abortos.

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02 noviembre, 2006

EL PRECIO DE UN ASESINATO


¡¡4.000 euros!!
Ese es el precio de una vida humana de 30 semanas de gestación. Eso es lo que están dispuestos a cobrar los sicarios del siglo XXI, los asesinos de bata blanca, por segar la vida de un niño indefenso mediante una inyección en su pequeño cuerpo de una sustancia llamada 'digoxina', que le provoca la muerte por parada cardiaca. Eso es lo que están dispuestos a hacer a pesar de que la ley, “su ley”, la que nos han impuesto a los que defendemos la vida y la dignidad del hombre desde el momento mismo de la concepción, prohíbe hacer tamaña salvajada.

Pillado “in fraganti” por la cámara oculta de una periodista danesa embarazada de 30 semanas, el director de la clínica -el criminal responsable de ese centro de tortura y muerte infantil, también llamado «Clínica Emece»-, un tal Carlos Morín se jacta de recibir “clientes de países como Francia, Gran Bretaña, Holanda, Alemania e incluso Australia y que el procedimiento es legal y sin riesgos para la mujer” y de argumentar que “la única forma de que el aborto sea legal es aducir supuestos problemas físicos o psíquicos” (a pesar de que la periodista reconoce que su estado de salud es bueno) y que los “trámites sólo son cuestiones de «burocracia»”. Y después de estar todo grabado, todavía se permite el lujo de llamar “mentirosa” a la periodista que le ha puesto al descubierto. ¡Lamentable!

Me gustaría pensar que en este caso la justicia va a actuar con la celeridad que requiere el hecho delictivo, pero mucho me temo que no va a ser así, pues a fecha de hoy no ha pasado absolutamente nada y el individuo ese sigue libre, sin cargos y al frente de una
fundación que lleva su nombre que, entre otras cosas, se dedica a exportar actuaciones como esta a países hispanoamericanos, y de las cuales se enorgullece.

A Carlos Morín, responsable último de esta barbarie, y a sus secuaces no les deseo ningún mal físico, ya que sería ponerme a su altura y mis principios no me lo permiten. Pero sí me gustaría que por un momento sintieran la angustia de uno de esos niños anónimos con 6, 7 u 8 meses de vida en el útero materno, que ven cómo una afilada aguja cargada de un líquido mortal amenaza su vida sin que puedan hacer nada por evitarlo. Ni siquiera huir, que es lo que ha hecho el delincuente de Morín cuando le han pillado su “negociete” de muerte.

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