09 enero, 2008

DOS MILLONES DE RAZONES


No era mi intención escribir este artículo, pero a la vista de las declaraciones en tromba que están realizando dirigentes del PSOE y adláteres estos días (entre otras las de la Ejecutiva Federal, las de José Blanco y Jesús Caldera, las de Felipe González e Iñaqui Gabilondo, las del propio Rodríguez Zapatero que las hace por partida doble o las de los “católicos” José Bono y el flamante embajador ante la Santa Sede Francisco Vázquez) creo que es necesario realizar una serie de puntualizaciones, pues hay dos millones de razones que lo avalan.

Estuve el pasado día 30 de diciembre en la impresionante
concentración en defensa de la familia, que bajo el lema "Por la Familia cristiana" congregó a más de dos millones de personas en la plaza de Colón y calles adyacentes de Madrid en defensa de los valores que, durante la presente legislatura, han sido atacados de forma permanente por el gobierno socialista. Y allí no escuché hablar de política a ninguna de las personas que hablaron desde la tribuna, ni a obispos, ni a cardenales, ni a ninguno de los laicos; el Papa no me dijo que para ser una familia, mi mujer debiera quedarse en casa con la pata quebrada; tampoco escuché a nadie que quisiera salvarme, ni me inculcaron ideas integristas; y, por supuesto, ninguno de los obispos o cardenales que hablaron me puso las cosas más difíciles de lo que se las ponen a un católico los obispos belgas. A la vista de esto, no puedo menos que manifestar que todas las declaraciones que los dirigentes antes mencionados han realizado estos días son absolutamente falsas.

La reacción natural de cualquier padre que ve como su familia está siendo atacada es la de salir en su defensa. Y eso es lo que ha hecho con este acto la Iglesia Católica española, pues lleva cuatro años viendo como a sus hijos se les insulta y denigra en los desfiles del “día del orgullo gay”, o como se les ataca con leyes como la del “matrimonio homosexual” o la del “divorcio exprés”, o como se intenta sustituir la enseñanza de la religión por un bodrio adoctrinador en el socialismo llamado “Educación Para la Ciudadanía (EPC)”, o como se ha ampliado “de facto” la ley del aborto al hacer la vista gorda a las innumerables irregularidades que se están cometiendo en ese holocausto infantil.

Ante esa defensa de la familia realizada por la Iglesia Católica, la respuesta es una serie de reacciones airadas y en cadena, que más de una semana después se siguen sucediendo, lo que demuestra que a la prepotencia de nuestros gobernantes les hace mucho daño que se recuerde la verdad ante tamaño número de personas. Como dice la cita falsamente atribuida a Don Quijote, “ladran, Sancho, luego cabalgamos”.

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17 junio, 2007

PACTO POR LA FAMILIA


A nuestros gobernantes, al igual que sucede en una gran parte del mundo occidental, parece que la familia les importa poco. O al menos eso es lo que demuestran con sus actos en contra de ella. En muy pocos años han conseguido dinamitar todos los pilares en los que se asentaba la institución familiar, ya fuera implantado el aborto libre -más o menos camuflado en unas leyes permisivas con el trasgresor-, fomentando la ruptura matrimonial mediante el “divorcio exprés”, imponiendo el mal llamado “matrimonio homosexual” (sin existir siquiera una mínima demanda social) o legislando una serie de normas que han dejado el sistema educativo a la altura de los de las repúblicas bananeras y con el que lo único que ha avanzado es el fracaso escolar, el acoso a profesores y compañeros, y la falta de respeto hacia padres y personas mayores. Y ha tenido que ser en estas circunstancias cuando el Comité Económico de la Unión Europea ha pedido a los países miembros un pacto por la familia contra la crisis demográfica, porque ha visto que con el aumento de “la esperanza de vida de la población europea” y con “el reducido número de hijos por mujer” se cierne una grave amenaza sobre los sistemas sociales, los cuales estarían en quiebra antes del año 2050.

Decíamos en un
artículo escrito a primeros de año, a propósito de las terribles cifras del aborto en España, que “sólo hay un hecho que puede hacer despertar a nuestra sociedad de este letargo en el que se encuentra. Y es el que se refiere a que en la actualidad, casi de forma generalizada, los cuatro abuelos de una familia sólo tienen un nieto, el cual -en muy poco tiempo, si Dios no lo remedia- deberá pagar, sin ayuda de nadie, las pensiones de sus antecesores. Qué triste que este vaya a ser el motivo ¿verdad?”, y parece que el tiempo nos ha venido a dar la razón.

Señores del gobierno, rectificar es de sabios, y aunque sea por una causa tan poco noble como la de asegurarse las prestaciones sociales y la pensión del futuro, háganlo. Sigan los consejos del Comité Económico de la UE, y dense prisa pues ustedes han dejado a la familia en la UCI y el enfermo se les puede morir antes de lo que se imaginan.

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04 febrero, 2007

EL APLAUSO PRESTADO


Estos días he vuelto a leer una de las obras de teatro cumbres del barroco, “La vida es sueño”, escrita por Calderón de la Barca en 1635. Y, como las veces anteriores que la he leído, me he detenido en la escena XIX en la que se produce el monólogo de Segismundo en la prisión (Sueña el rey que es rey, y vive / con este engaño mandando, / disponiendo y gobernando; / y este aplauso, que recibe / prestado, en el viento escribe, / y en cenizas le convierte / la muerte (¡desdicha fuerte!); / ¡que hay quien intente reinar, / viendo que ha de despertar / en el sueño de la muerte!), porque aunque hayan pasado casi cuatrocientos años desde que fuera escrita, lo que se recoge allí sigue estando de actualidad. ¡Y ahora más que nunca!

Nos encontramos en un instante de la historia en el que el ser humano se siente Dios. Ha avanzado tanto en el conocimiento de las diferentes ciencias que cree que puede disponer de los demás a su antojo para conseguir sus objetivos de fama, poder y gloria. Así es capaz de asesinar a un indefenso si éste es el resultado de un rato de placer y su venida al mundo le va a privar de “su” libertad. Es capaz de incumplir los compromisos, libremente adquiridos, de romper las promesas de amor y fidelidad con su pareja, si eso le proporciona mayor satisfacción. Es capaz de huir ante la adversidad producida por una enfermedad hasta llegar a provocarse la muerte mediante el “suicido asistido”. Es capaz de jugar a “crear vida” a partir de la selección y manipulación genética de embriones, aunque para ello tenga que destruir otras muchas vidas. Es capaz de hacer un mal bajo el pretexto de conseguir un bien a la hora de intentar curar graves enfermedades. Es capaz de anteponer la actitud egoísta de su propia comodidad al interés y compromiso en la educación de los hijos. Es capaz de sacrificar el bien por la paz, lo que es justo por lo que no le da problemas. Es capaz de ... cometer los mayores horrores y de caer en los mayores errores por alcanzar notoriedad y tener influencia, por conseguir su “minuto de gloria”.

Sin embargo, lo que este modelo de hombre no ha tenido en cuenta es que aquello que “en el viento escribe”, la fama, el poder, la gloria y todos los demás accidentes que nos afectan en esta vida son pasajeros, no permanecen, es el “aplauso prestado” que algún día hemos de devolver dando cuentas del mismo a nuestro fiador.

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08 octubre, 2006

EL MARKETING DEL MAL


Desde hace algunos años contemplo cómo todos los ataques que está recibiendo la sociedad, a través de la familia, tienen el mismo patrón. Y es que, en multitud de ocasiones, he tenido la impresión de que esto no se debía al azar o a evoluciones de la sociedad más o menos lógicas, sino que era una secuencia de campañas perfectamente estructuradas cuyo fin era dar un cambio radical a la sociedad encaminado a que se perdieran los valores tradicionales. Y aunque estuviera convencido de que esto era así, no tenía pruebas para demostrarlo. Hasta hoy, que he encontrado un artículo publicado en Diario de Navarra, el 22 de septiembre de 2004, bajo el título “Recetario para una campaña pro-eutanasia”, cuyos autores recuerdan que hace tiempo que “se describieron cuáles deben ser los pasos -cuidadosamente cronometrados- que hay que dar para lograr una estrategia de marketing social que consiga que muchos ingenuos se traguen la aceptabilidad de la eutanasia. Estos pasos sucesivos para engañar a candorosos son:
1 Búsquese un caso lacrimógeno.
2 Désele toda la publicidad posible a ese caso.
3 Cuando todos conozcan el caso lacrimógeno, hágase una trasgresión abierta de la ley.
4 Désele toda la publicidad posible a esa trasgresión.
5 Búsquese a un enemigo para demonizarlo y ridiculizarlo de modo caricaturesco y cruel.
6 Difúndase que la eutanasia es una "realidad social" y que el legislador debe regularla.
7 Defiéndase una ley que tenga -sólo en su letra- un carácter altamente restrictivo.
8 Una vez conseguida la aprobación de la ley, basta con ir interpretándola cada vez más laxamente para llegar a un uso generalizado de la eutanasia.”

Después de una lectura detallada, he visto claramente cómo cambiando sólo la palabra eutanasia por aborto, divorcio, píldora del día siguiente, “matrimonio homosexual”, ..., se ha conseguido cambiar el pensamiento de la sociedad y aprobar leyes que, en absoluto, estaban demandadas.

Conocido el enemigo y conocidas las armas que utiliza es mucho más fácil combatirle. Como dijo Emund Burke, “Para que la maldad prospere sólo se necesita que el hombre bueno no haga nada”. Empecemos por combatir el marketing del mal con el marketing del bien, y no olvidemos que España es un laboratorio en el que se experimenta, tanto para bien como para mal, todo lo que posteriormente se aplica en el mundo hispano.

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26 julio, 2006

ATAQUE EXPRÉS A LA FAMILIA


No se porqué, pero tenía yo la vaga idea de que en una democracia, cuando los legisladores se sentaban a redactar una ley era porque existía una gran demanda social que pedía regular un aspecto determinado. Además, una norma salida del análisis de la necesidad detectada debía servir para resolver los problemas que existían antes de su creación. Pero está visto que me he equivocado de plano, o que (como dicen mis hijos) estamos en el mundo al revés, porque las últimas leyes aprobadas no tienen demanda social y, además, son un foco de nuevos problemas.

Dentro de pocos días, el 15 de agosto, se cumplirán veinticinco años de la entrada en vigor en nuestro país de la Ley del Divorcio, y el gobierno, en su afán de seguir con los ataques a la familia, lo celebra con una ampliación de dicha ley, ya bautizada con el nombre de “divorcio exprés”. Parece como si no fuera suficiente el hecho de que en estos veinticinco años, según datos del Consejo General del Poder Judicial, se hayan producido un millón largo de separaciones y más de 700.000 divorcios, para que ahora se reforme la ley con el objetivo de conseguir “un divorcio más rápido y con menos costes”, es decir, pretendiendo “agilizar el proceso de disolución del matrimonio y aliviar la carga de trabajo de los tribunales”. ¡Francamente increíble que esos sean los objetivos!

Si revisamos estos veinticinco últimos años vemos cómo, al igual que han hecho ahora con el mal llamado “matrimonio homosexual”, se creó una necesidad que había tomando como base no una demanda de la sociedad, sino el “clamor social que pedía el divorcio”. Según sus impulsores, se esperaba una avalancha de demandas que, en muchos casos, supondría regular las situaciones existentes para muchas decenas de miles de parejas, y, sin embargo, en el primer año de vigencia las demandas apenas fueron 10.000. A partir de ahí, bombardeo mediático de las bonanzas de la Ley con la finalidad de que la sociedad se fuera “habituando a un derecho más”. Y avanzando así llegamos a este momento en el que hacía falta quitar las últimas trabas a la ley y se ha modificado ésta añadiendo entre otras las “ventajas” de eliminar la separación previa y suprimir la alegación de motivos. Por si fuera poco, la guinda es el “premio en metálico”, para no hacer gravoso el divorcio: si un padre no paga la pensión compensatoria y/o la alimenticia, el Estado se hará cargo de los gastos.

Como decía al principio, debo estar muy confundido ya que lo que estoy viendo en las últimas leyes que se están aprobando en nuestro país es un “hacer algo como sea” para crear una necesidad en la sociedad. Y, a partir de ahí, sentar las bases para el rediseño de la misma, dinamitando la raíz en la que se asienta: la familia. Y si ya es difícil entender que se esté haciendo esto, es mucho más difícil creer que se esté produciendo en medio de la pasividad de todos los que pensamos que la familia es el pilar de la sociedad y una de las instituciones mejor valoradas (no se lo digan a nadie, pero en un estudio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas de 2004, “el 93% de los españoles” declaraba que “daría la vida por su familia”).

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