DIMES Y DIRETES

Desde que el periodismo se convirtió en el “cuarto poder” -por la creciente influencia que mostraba en la creación de una determinada opinión pública-, hemos podido comprobar cómo cualquier persona puede pasar de “héroe a villano” en apenas unos días, en función de los gustos o intereses de quien mueve los hilos de la información. Una gran parte de que esto sea así se debe al periodismo “sensacionalista”, ese que con su particular manera de contar las noticias no busca la verdad de los hechos sino incrementar las ventas a costa de la atracción que el morbo ejerce sobre el ser humano. Pero no sería justo achacarle toda la culpa, puesto que en nuestros días ese periodismo efectista está siendo sustituido por el mayor peso que están adquiriendo las corrientes de opinión relacionadas con lo que está de moda: con lo “políticamente correcto”. A estas alturas, a nadie se le oculta que esas corrientes son artificialmente organizadas para hacer creer a la sociedad que lo blanco es negro, que lo útil ha dejado de servir, que lo natural está caduco y que lo que se lleva es lo antinatural. Y para conseguir eso se ha ideado un factor común a todas ellas: el ataque indiscriminado contra las diferentes estructuras que han sustentado el progreso de la humanidad, cuyo fin último es la implantación de un laicismo destructivo en el menor tiempo posible.
En este sentido estamos viendo como uno de los principios básicos del Derecho, la presunción de inocencia, está siendo continuamente violado por “pseudo-periodistas” que no se limitan a transmitir la información relativa a una noticia sino que se erigen en jueces y condenan sin pruebas concluyentes antes de que se celebre el juicio. Crean una maraña de “dimes y diretes” capaz de confundir a cualquiera y que en el último episodio de esa insidia colectiva se está cebando en unos padres que, en el peor de los casos, bastante tienen con la desgracia que están viviendo.
No soy quien para opinar si son inocentes o culpables, puesto que carezco de la información que manejan los investigadores del caso, pero reconozco que se me hace tremendamente difícil pensar en que una madre sea capaz de hacer lo que la prensa lleva publicando sobre la señora McCann. Aunque realmente lo que me preocupa es que, pase lo que pase, ya se ha juzgado a esos padres, y si al final resultaran inocentes -y la policía se hubiera equivocado, como ya ha pasado en dos ocasiones- difícilmente se podría reparar el daño moral que se ha hecho a su honor y a su fama.
Y yo me pregunto, ¿hubiera pasado lo mismo si los padres de Madeleine no hubieran sido jóvenes, listos, influyentes y católicos? Las hipótesis en las que se fundamenta la investigación (que sólo son una serie de ideas atrevidas, pues no hay pruebas) ¿hubieran sido las mismas?
En este sentido estamos viendo como uno de los principios básicos del Derecho, la presunción de inocencia, está siendo continuamente violado por “pseudo-periodistas” que no se limitan a transmitir la información relativa a una noticia sino que se erigen en jueces y condenan sin pruebas concluyentes antes de que se celebre el juicio. Crean una maraña de “dimes y diretes” capaz de confundir a cualquiera y que en el último episodio de esa insidia colectiva se está cebando en unos padres que, en el peor de los casos, bastante tienen con la desgracia que están viviendo.
No soy quien para opinar si son inocentes o culpables, puesto que carezco de la información que manejan los investigadores del caso, pero reconozco que se me hace tremendamente difícil pensar en que una madre sea capaz de hacer lo que la prensa lleva publicando sobre la señora McCann. Aunque realmente lo que me preocupa es que, pase lo que pase, ya se ha juzgado a esos padres, y si al final resultaran inocentes -y la policía se hubiera equivocado, como ya ha pasado en dos ocasiones- difícilmente se podría reparar el daño moral que se ha hecho a su honor y a su fama.
Y yo me pregunto, ¿hubiera pasado lo mismo si los padres de Madeleine no hubieran sido jóvenes, listos, influyentes y católicos? Las hipótesis en las que se fundamenta la investigación (que sólo son una serie de ideas atrevidas, pues no hay pruebas) ¿hubieran sido las mismas?
Etiquetas: cinismo, fama, familia, hipocresía, honor, libertad de expresión, manipulación, paciencia, relativismo moral, respeto