JUGAR CON FUEGO

Sin embargo hoy, gracias a la machacona propaganda que se ha ido realizando durante los últimos años desde instancias laicistas -y con la anuencia y conformidad de muchos colegios de ideología católica- son pocos los jóvenes y niños que saben que Halloween es una celebración pagana que se ha ido implantando entre los pueblos hispanos como contraposición a la Fiesta de Todos los Santos. Y eso es lo preocupante, ya que no solo se trata de una fiesta de disfraces -de dudoso gusto, por cierto- en la que personas normales se divierten bajo la apariencia de “brujas buenas”, de “diablillos graciosos”, de “muertos de pega”, ... En ese día, bajo la apariencia de una fiesta comercial, lo que se pone en práctica va en contra de los principios y valores cristianos, pues se evoca al diablo y a sus seguidores (las brujas lo son). Y eso, los cristianos ni podemos, ni debemos hacerlo, si queremos ser coherentes con nuestra fe.
Por si fuera poco, con esta “fiesta” se están promoviendo cosas tales como que es lícito hacer daño a alguien si no accede a conceder lo que se le pide; que jugar con el mal y con el ocultismo es algo divertido, que no trae consigo ninguna consecuencia negativa; que la educación que estamos dando a nuestros hijos no es buena, pues si un día al año se puede hacer lo prohibido y no pasa nada, no merece la pena portarse bien el resto de los días; que el demonio y el mal sólo son parte de un mundo irreal que no tiene nada que ver con nuestras vidas y que por lo tanto no nos afectan; o que en nuestra sociedad son perfectamente compatibles las cosas de Dios con aquellas otras que son contrarias a la fe y a la vida cristiana.
Creo que no somos conscientes de estar jugando con fuego y que existe un riesgo muy grande de que nos quememos. Es nuestra obligación empezar a cambiar esta cultura y reintegrarle el carácter cristiano que ha ido perdiendo para evitar que la familia se hunda poco a poco en el relativismo, en el materialismo y el paganismo práctico. No debemos permitir que el consumismo y las fuerzas contrarias a nuestra fe nos lleven a vivir cosas que, lejos de ayudarnos, están poniendo en riesgo nuestra felicidad y la de nuestras familias.
Etiquetas: educación, familia, relativismo moral, religión